La campaña de imagen que va de la mano de cualquier visita de un cargo ministerial muere en menos de 24 horas. El impacto es solo eso: un golpe marcado por la temporalidad. Luego viene el después, que es lo que verdaderamente importa. Qué sucede tras esas visitas; si realmente los gestos, los guiños y compromisos se materializan en acciones concretas. Eso es, en el fondo, lo que cala en toda la ciudadanía, lo que realmente llega y lo que importa.
Del Plan Estratégico del que tanto se habló queda la parte importante: actuar. Y más importante aún: de qué forma. Porque si al final ese plan sirve para que los de siempre controlen las acciones anunciadas, tendremos un programa hecho cual traje a medida para engordar a los lobby de turno. Nada más.
De la visita de Robles al cuartel de Regulares y al de la Legión nos debe quedar algo más que el conocimiento de una ministra cercana y sencilla, ejemplo para otros. Una ministra realmente interesada en saber qué pasa en Ceuta y en las necesidades que ella puede atender por estar bajo sus competencias. Pero tras ese impacto deben venir consecuencias directas que supongan mejoras reales para quienes integran las fuerzas armadas además de gestos que beneficien a la sociedad civil recuperando para todos lo que unos pocos mantienen en el abandono. Eso sería una política práctica que rompiera ese momento de imagen, de cercanía y de impacto.
Luego nos queda Bolaños, ministro que ha empezado haciendo política con un acto en el que se mezcló todo: partido y administración sin rubor, incluso usando recursos de esta última para convocatorias políticas. Así, tal cual. Lo que importa de esta visita es la segunda parte, el compromiso real de que ese “dejarse la piel por Ceuta” va a ser un hecho y va a venir reflejado en acciones concretas que, insisto, beneficien a todos los ceutíes más allá de los lobby de turno.
De frente tenemos al tiempo que suele dar la razón, al tiempo que suele ser sabio, al tiempo que acostumbra a poner a cada uno en su sitio.
Después de las visitas llegarán las consecuencias, lo que queremos ver y palpar, lo que realmente nos puede beneficiar o no como ciudadanos. Es quizá lo que realmente nos importe a muchos que sorteamos estas puestas en escena porque queremos quedarnos con el compromiso, el que desgraciadamente no acostumbra a darse en demasía.






