La finalización de la OPE exige el consiguiente balance oficial. El ofrecido este viernes ha sido sincero porque no ha evitado reconocer los “días críticos” en los que cualquier previsión falló y asumir la responsabilidad de aquello. De todo se aprende y por supuesto también de lo sucedido.
Tras aquel fin de semana que nos llevó a ser portada en medios nacionales y no precisamente para bien, llegaron fechas en las que la coordinación evitó males mayores. Se supo atender las recomendaciones de los que más saben y compenetrar a todos los responsables desde la Delegación del Gobierno, con Gonzalo Sanz como coordinador, evitando que se produjeran escenas tercermundistas que afectaran a los magrebíes que volvían a su país de origen y que, también, esos colapsos afectaran a toda la ciudad impidiendo un tráfico normalizado o bloqueando carreteras principales además de enturbiar el descanso de los enfermos ingresados en el hospital.
De no haberse aplicado medidas inteligentes como la suspensión de rotaciones extraordinarias o la intercambiabilidad, a buen seguro que esas malas imágenes que se vieron los primeros días se habrían repetido lo que podía haber hecho mucho daño a la repercusión que Ceuta y debe saber extrapolar como puerto eficiente y ciudad preparada.
El próximo ejercicio 2023 será importante porque, después de un 2022 en el que el movimiento de cifras ha sido elevado, se espera que esa afluencia por esta ruta aumente de forma considerable.
Es tiempo de mirar al detalle lo ocurrido para que el año venidero la ciudad pueda afrontar aún de mejor forma el trasiego de miles y miles de familias en movimiento durante los meses de verano.






