El verano de 2022 ha estado marcado en Ceuta por la polémica de que las playas no han llegado de la mejor manera para la campaña estival. Problemas de arena o de puesta a punto tras el temporal que arrasó las ‘piscinas naturales’ de la ciudad. El colmo de males es cuando ni siquiera ir a la playa es una actividad tranquila y si no aparecen unas motos acuáticas estorbando y poniendo en riesgo en los bañistas, lo que hay son una serie de pinchos y objetos punzantes por la arena, que constituyen un verdadero peligro para la integridad física de los ceutíes.
Lo de que haya motos de agua próximas a la orillas no es nuevo, pero no por ello deja de ser un asunto menos denunciable. Las normas delimitan muy bien cuál es la zona de baño y por dónde deben manejarse las embarcaciones náuticas y de recreo para que no exista riesgo y no se estorbe a los bañistas. Sin embargo, una usuaria de la playa del Trampolín clamaba por cómo las motos de agua se acercan al lugar donde se concentran los niños dándose un chapuzón y enturbian una jornada que debería ser de calma y diversión para los más pequeños.
En veranos anteriores ha habido que lamentar, incluso, algún accidente grave por la confluencia de estas motos marítimas en sitios que están atestados de gente y que no deberían invadir. Cada año se repiten este tipo de denuncias que ponen de manifiesto comportamientos incívicos que parecen endémicos y no tienen arreglo.
Por otra parte, noticias como la de que existan más de 60 pinchos y objetos oxidados en la playa de la Almadraba sin recoger también dan cuenta de la necesaria actuación de las autoridades en la playa y de lo importante que es estar en permanente vigilancia de estos lugares. Para un sitio que sigue siendo gratis, de lo poco hoy día, convendría cuidarlo mejor.






