Aunque ya no se hable tanto de la pandemia como se hacía en meses anteriores y mucho menos que en aquellos momentos en los que parecía no haber otro tema de conversación, lo cierto es que el coronavirus sigue entre nosotros, se niega a abandonarnos a pesar de los esfuerzos que se han hecho para lograrlo.
Y así también ha resurgido el debate sobre el uso de la mascarilla en espacios cerrados, algo que había dejado de ser obligatorio desde el pasado 20 de abril, para el alivio de unos, pero para la preocupación de otros. Si bien al momento de tomar la decisión los datos pudieron avalar la determinación, algunos expertos insistían y ahora siguen insistiendo en que no era el momento de hacerlo, que era muy pronto, que debía esperarse un poco más a pesar de la fatiga que existía por parte de la gente y de esa necesidad de retomar la normalidad.
A poco más de dos meses de que dejara de ser obligatoria la mascarilla en interiores, la recomendación va hacia el lado contrario, pues desde el Ministerio de Sanidad, por ejemplo, no han descartado la posibilidad de revertir lo que se hizo, teniendo en consideración los indicadores de la pandemia. Se apela mientras tanto a la responsabilidad de cada quien, entendiendo que el cubrebocas no es solo por protección propia, sino también de aquellos que nos rodean, sobre todo de los que continúan dentro del grupo de los vulnerables.






