La acción política se ha denigrado hasta límites insospechados. Se hace política con cualquier cosa menos con lo que se debe. No hay proyectos ni programas, solo líderes egocéntricos que personalizan sus mensajes a golpe de impactos en redes sociales. Por su puesto, sin moverse del lugar, sin tan siquiera preocuparse por lo que está pasando. Ya, si la cosa se sale de madre, aprovechan para cargar a base de bien. No les importa realmente lo que está pasando, solo sacar votos de la situación. Desde que asesinaron a Ibrahim lo hemos visto. Comenzaron los mensajes en redes sociales o vía comunicados a la prensa teñidos de mayor o menor carga visceral. ¿Les importaba hacer una crítica constructiva? No. Solo atacar por atacar, generar mayor crispación y buscar que a río revuelto alguien se convierta en el pescador que se lleva más peces. Si realmente les hubiera importado lo más mínimo lo que sucede en Ceuta, hace tiempo que hubieran analizado la cascada de hechos que apuntaban a la utilización de menores, a la pérdida de identidad y seguridad en barrios concretos que pocos pisan y a la mala organización de muchas políticas vecinales y de seguridad. Pero eso no importaba antes ni ahora, cuando con una muerte y un revuelo posterior los egocéntricos de la clase política salen a la palestra para repetir las claves mágicas sobre un problema en el que ni ellos mismos creen ni, mucho menos, conocen.
Hacer política de lo que sea, también de lo más bajuno. A esto hemos llegado. Da igual el oportunismo ni que se aprovechen de la tragedia: salir por salir con un mensaje en redes mientras se sigue con la misma vida, sorteando los problemas de manera superficial sin debatir o consensuar medidas que realmente sean las efectivas, ese es el objetivo.
Hace tiempo que la deriva política nos llevó a una situación de falta de credibilidad, de alejamiento de los problemas reales y directos. Y quizá todos tengamos algo de culpa, tanto como ciudadanos como desde nuestras profesiones. Quizá entre todos hemos colaborado en permitir lo que ocurre, en dejar que los temas sangrantes que nos afectan como ciudad y sociedad los solucione la Policía y no más política real y más acción eficaz.






