La última crisis de fronteras la ha sufrido todo ceutí. Unos más que otros. Lo que se ha ‘vendido’ como inesperado, lo que en el fondo no ha escondido más que una falta absoluta de previsión de las autoridades, terminó convirtiéndose en una auténtica bofetada para los ciudadanos que quedaron atrapados en el espacio fronterizo. Enfermos que tardaron ¡dos horas! en llegar al Hospital, trabajadores que no podían ser puntuales en sus centros, conductores desesperados, familias que no conseguían llegar a casa, camioneros a los que les era imposible salir del lugar... Muchísimos sufrieron el colapso brutal del jueves, como también han sufrido otros bloqueos acontecidos durante estos últimos años.
Los propios comerciantes del Tarajal apuntan a que ya desde primera hora de la tarde se empezaba a palpar la situación, se empezaba a ver las primeras muestras de lo que vendría después. Ellos son los testigos directos de lo que estaba ocurriendo y los que avisaron de lo que podía pasar. Tampoco es necesario que lo hicieran, porque en la frontera tenemos suficientes agentes y supuestos asesores que debían estar al tanto de la que se avecinaba. Pero no fue así. Y Ceuta terminó ofreciendo la peor de las caras.
Tras esta situación han llovido las críticas. No solo de partidos, sino también de ciudadanos. Evidentemente las críticas han ido dirigidas a la Delegación del Gobierno, responsable en asuntos fronterizos, la institución que dice tener controlado todo esto. Pero no es así. No lo fue el jueves ni en muchas otras ocasiones.
Las críticas legítimas han provocado una cascada de reacciones en el seno del PP que se ha lanzado a la defensa a ultranza de ‘su gente’. Porque el PP adopta el estilo de ‘con los míos, a muerte’, se tenga o no se tenga la razón. Cuando hay momentos en los que mejor estar callados, siempre vienen los que salen a la palestra convirtiendo la crítica legítima de la ciudadanía en una ofensa. Nos estamos acostumbrando ya a esto, desgraciadamente. Después de que se nos haya dicho que hasta la seguridad es responsabilidad nuestra... solo nos queda que nos echen las culpas de las relaciones con el vecino y sus consecuencias.
Al menos el portavoz del Gobierno, Jacob Hachuel, ha sido sensato: “Nos pilló de sorpresa”. Y es que esa es la verdad. Les pilló sin los deberes hechos. Aunque ahora el coro salga a la palestra con la pésima actuación de mala protección.





