No sólo Ceuta, sino muchas más ciudades tienen una deuda con las víctimas del ruido. Se ha tenido que pelear mucho para conseguir que sus quejas y reclamaciones sean atendidas, después de convertirse en víctimas del poderío de los grandes negocios rentables económicamente, que obtienen el apoyo de las administraciones para su implantación sin tenerse en cuenta el daño que ocasiona a los que tiene a su lado. Durante años ha existido una absoluta discriminación hacia esas personas que sacaban a la luz algo antes desconocido: la contaminación acústica. Ahora los tiempos han avanzado y las instancias judiciales, afortunadamente, están dando la razón a estas personas. Ahora conocemos la primera sentencia firme, contra la que no cabe recurso, que obliga a la administración a retirar la licencia a dos terrazas al no haberse tenido en cuenta lo estipulado en el reglamento sobre el ruido. Las cosas hay que hacerlas bien. Ahora se están haciendo tarde, pero se hacen. Esa es la línea que marca el respeto y demuestra que los políticos están cercanos al ciudadano.





