El ICD siempre ha sido ejemplo de descontrol. Un descontrol conocido y por tanto consentido por una administración incapaz de hacer que el ciudadano no tenga que ser quien pague el, digamos, curioso funcionamiento que tiene ‘la casa’. Tan curioso, que se es incapaz de organizar los recursos humanos de los que se dispone para evitar que la atención sea un desastre. Ha habido días en los que no se han abierto instalaciones deportivas porque nadie acudió a tal misión dejando a los usuarios con niños pequeños esperando sin recibir información. Por supuesto que no hubo disculpas ni tampoco se comunicó con antelación lo que iba a suceder.
Otros, en los que una sola persona estaba en oficina mientras decenas de ciudadanos esperaban fuera para realizar sus gestiones (así todos juntos en plena pandemia) porque nadie había reparado en echar mano de la organización más básica para ofrecer una atención alejada del tercermundismo al que la administración, en muchos casos, nos tiene acostumbrados. Y lo hacen por el complejo narcisista de creer que nosotros, ciudadanos, les tenemos que agradecer que nos atiendan dignamente. Eso suele pasar cuando la caja pública se confunde con la privada y las obligaciones con favores.
Pero hay situaciones aun peores como cuando nos topamos con instalaciones que parece que el ICD prefiere no alquilar para su uso en determinadas horas. Es entonces cuando buscan excusas para no decir la verdad porque nadie responde de este pollo sin cabeza que hace sencillamente lo que le da la gana.
Y esto no es nuevo. Eso es lo grave, que el descontrol en torno al ICD no es algo de ahora sino que, más bien, hunde sus raíces años atrás aunque nunca se ha querido poner orden en el convento. Ya no sé si es porque no interesa que funcione bien o porque la cúpula de este Gobierno prefiere despreocuparse de lo que allí ocurra. Deben pensar que cuidar la política deportiva es dejar que el ICD campe a sus anchas para no molestar y repartir millones entre determinadas modalidades mientras otras prácticamente se mueren de asco.






