De nuevo los mismos problemas en Justicia. Nada nuevo bajo el sol. Las consecuencias de tener un territorio dependiente del Ministerio en el que las cosas que suceden, siendo graves, se quedan en una mera pataleta. Miren que se ha denunciado en multitud de ocasiones la caída de los sistemas informáticos, los fallos que ponen en riesgo las celebraciones de las vistas judiciales. Miren que se ha dado traslado a las más altas instancias del tercermundismo registrado a este lado del Estrecho. De nada sirve. Las consecuencias negativas terminan repitiéndose dando forma a crónicas propias del día de la marmota. Crónicas en las que solo cambian los actores, porque el grueso del desastre es el mismo.
Aquí se han llegado a suspender vistas dejando en los pasillos a testigos desplazados de la Península, con lo que todo esto supone y la consecuente gravedad de los hechos. Pero no parece importarle a un Ministerio que se supone informado pero no da los pasos suficientes como para evitar repeticiones del caos innecesarias.
Podría decirse que las denuncias sindicales son interesadas. Ya saben, siempre conviene machacar al trabajador. Pero es que en Justicia las denuncias llegan por todos lados pero quien tiene que intervenir no lo hace.
Aquí han hablado sindicatos, han hablado fiscales y han hablado jueces. Ojo de Ceuta y de fuera. Testimonios coincidentes en los déficit que se producen en una sede judicial que estando bajo el amparo del Ministerio asoma de todo menos protegida.
Ha habido juicios en los que se han perdido horas valiosísimas por fallos ajenos al personal, se han tenido que repetir grabaciones -ayer mismo sucedió- o se ha corrido el riesgo de perder pruebas relevantes. Todo esto que no hace sino presentar una justicia cogida entre alfileres parece no ser lo suficientemente grave como para adoptar medidas urgentes evitando que los conflictos vuelvan a sucederse.
Nada nuevo bajo el sol de la Justicia. Desgraciadamente nada nuevo ante esta esperpéntica situación en la que queda atrapada la justicia de Ceuta.






