Se aproximan a la orilla pero, pese a estar ya cerca, a pocos metros, se demoran en poner pie en la arena de la playa de la Ribera.
Entre risas, juegos, bromas, Carlos Madrid, Carlos Verdejo, Dani Cano, Carolina y Alba apuran la excursión a bordo de un kayak desde el cual han disfrutado de “unas vistas de nuestra ciudad que no habíamos visto”.
El descubrimiento fue posible gracias a las actividades programadas por la Consejería de Juventud y Menores orientadas a la celebración del Día Internacional de la Juventud. A las diez de la mañana, el programa se puso en marcha, con la apertura del rocódromo instalado en plena arena, donde se pudieron poner en práctica técnicas verticales, escalada y rápel, así como con el inicio de las excursiones en kayak por el litoral ceutí.
“Son actividades amenas, que fomentan el divertimento de jóvenes, el deporte, la vida de la naturaleza”, dice Eva Rodríguez, coordinadora de actividad, poco después de atender a una pareja de Badajoz, que promete regresar con sus hijos para disfrutar de las actvidades en familia. “Tenemos a doscientos jóvenes inscritos con antelación, pero la mayoría viene al ver lo bien montado que tenemos esto”.
La caseta, la línea florescente que flota en el agua y sobre todo el rocódromo hinchable, esa mezcla de escenarios que halaga Eva, está coordinado por Rafael Jiménez, de la empresa Fortur, habitual colaboradora de la Ciudad: “En años anteriores habíamos celebrado este día en el Parque Marítimo del Mediterráneo pero este año hemos querido aprovechar el magnífico enclave en que está situado Ceuta, fomentar el deporte, la naturaleza y la aventura y completar una ruta medioambiental y cultural”.
Para ello, la empresa Fortur ha dispuesto de un rocódromo hinchable cuyas dimensiones, en número, causan asombro: pesa 1.300 kilos, divididos en diez metros de altura por diez de ancho. Precisamente desde el rocódromo, las risotadas de los chiquillos, y los suspiros de admiración que sueltan algunos, consecuencia de las elevadas cotas alcanzadas por los más duchos para este arte, interrumpen las palabras de Jiménez. Eva considera que “por la alegría que demuestran los jóvenes, merece la pena el esfuerzo diario que hacemos para que todo marche bien”.
Los jóvenes, de edades comprendidas entre catorce y treinta años, caminan por la pared hichanble, venciendo dificultades, rozando las nubes. “Tenemos que estar atentos para que no se produzca ningún accidente”, dice Ana Belén, quien recuerda que antes de que los jóvenes realicen las actividades “es importante” darles alguna recomendación y “disponer de los equipos de seguridad necesarios, como los chalecos salvavidas y las cuerdas de rescate”.
Cuenta también que ella, que no es la primera vez que participa desempeñando labores similares en actividades de esta índole, esperaba “esta masiva afluencia de público aunque quizá, debido al Ramadán, me ha sorprendido gratamente comprobar que tantos chicos musulmanes estén aquí”. Uno de ellos, que hacía unos instantes estaba en la misma cúspide del rocódromo, comenta “que le encanta el deporte de riesgo y que le alegra poder ejercitarse en plena playa”.
De la arena al agua: le toca turno, junto a su pandilla, de hacer uso del kayak, que sale cada media hora en grupos de veinticinco personas. En este sentido, Fernado, uno de los siete monitores –el resto, además de Ana Belén, son Alejandro, Julio, Lolo, Laura y Juan Carlos–, apunta que “solemos salir al mar a contraviento para que al regresar éste esté a favor y así los chavales no sientan excesivo cansancio en piernas y sobre todo en brazos”.
¿Están cansados los chicos de los que hablaba en el preludio de la crónica? “No”, responden casi al unísono, mientras que una de ellas, Alba en concreto, añade que “ojalá podamos repetir la excursión; además tenemos que conseguir tirar, de una vez por todas, a Dani al agua”.
Cuando el silencio regresa después de las risas, toca rebuscar en la memoria: “Sí, yo si había montado en kayak pero fue hace mucho tiempo y ya casi no me acordaba de qué se experimentaba a bordo”, dice Carlos Madrid. Para Carolina, ha sido la primera vez; también para Alba. Dani por su parte, había estado inmerso en una aventura similar: “El kayak me ha parecido más sencillo de practicar que el piragüismo, donde es más fácil caerse al agua”.
En otro grupo cercano, Juan comenta que el trayecto “quizá podría haber sido más largo –“aproximadamente es de cuarenta minutos”, dice Rafael Jiménez–, a lo que un compañero replica que “por ser gratis y estar tan bien preparado todo, no nos podemos quejar”; la charla, antes de tomarse un baño, la zanja Sonia: “Las vistas que hemos visto deben de ser preciosas al atardecer”.
Del itinerario, uno de los puntos más celebrados tanto por usuarios como monitores es el que pasa por el foso que se adentra por las Murallas ceutíes. Con ese grato recuerdo navegando por la mente, podrán asistir los jóvenes a las actividades nocturnas que también han sido programadas para goce y disfrute de la juventud. Se trata de ‘Sebta Nostra’, un grupo Juvenil al que la Casa de la Juventud de Ceuta apoya, y que intenta difundir, tal y como nos cuenta Eva Zapatero, representante del Festival, “la cultura urbana por medio de la música, el baile y el grafiti a través de cualquier frontera”.
Será un buen broche a una jornada en que el protagonista fue el joven, en cuyas manos depende el futuro internacional, hoy bajo un horizonte estrecho y lúgubre.
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