Asoma la luna, porque es finales de Sha’ban, el octavo mes en el calendario lunar islámico, y comienza el Ramadán; asoma la luna, porque la puesta de sol se vence, adormilada, y es el momento de ingerir alimentos. “Sí, se levanta la barrera de ayuno”, concede Sumaya, la amabilísima dueña de la pastelería Medina, situada en el Mercado Central, “subiendo las escaleras que dan a la calle de los autobuses y tirando hacia la derecha”.
Una vez que la simbólica barrera deja vía libre, es el momento de endulzar el paladar. Pero, ¿se consumen más o menos dulces durante el mes del Ramadán? “Se comen los más suaves, como por ejemplo, las chuparquias, que son muy buenas para abrir el apetito y se complementan muy bien con el gusto de la harira, la sopa típica y necesaria, porque tiene muchas vitaminas, del Ramadán”. Aunque el consumo de chuparquias se incremente durante este mes especial, Sumaya las toma y las vende todo el resto del año, “porque están riquísimas”, dice Sumaya, mientras su dedo señala una bandeja de aspecto glorioso, repletas de estas delicias bañadas en miel que contienen un sabor intenso consecuencia de la mezcla de ajonjolí, matalauva, sésamo, canela, anís o azafrán.
Si la chuparquia sirve de tentempié antes de la primera comida, después de la caída del sol, “a eso de las nueve y media de la noche”, la ‘argaifa’,la pastela, el ‘crepe’ o el ‘brewuat’, que pueden ir relleno de pollo, verdura, pescado, frutas o cacao, son productos “contundentes, cuyo consumo es igual durante todo el año ya que son alimentos básicos de la gastronomía arábiga” .
Durante el Ramadán se trastocan los horarios, se fortalecen los vínculos familiares, se acomodan las costumbres, pero ¿afecta estas variaciones de la rutina del resto del año al horario de elaboración de pasteles? “El horario del obrador es de madrugada porque los pasteles tienen que estar frescos por las mañanas y esto lo respetamos al máximo en mi pastelería porque tenemos muchos clientes que no son musulmanes y quieren consumir los pasteles durante el día”, explica las pastelera, con tono firme.
No obstante, se cumple una curiosa y bendita coincidencia: cuando los pasteles salen del horno, llegan justos para endulzar la toma de alimentos “que tenemos antes de que salga el sol”.





