Las sentencias vinculadas a operaciones mediáticas generan una importante cascada de opiniones. El problema se suscita cuando esas opiniones se dan después de haberse leído únicamente el fallo. Los ilustres opinadores entonces, tras la lectura de cuatro líneas, salen a la palestra cargando contra los jueces. Los ilustres opinadores se piensan que los jueces redactan a su interés su propio Código Penal, dictando fallos según impresiones, colocando penas de acuerdo a la querencia popular, esa que parece reclamar una especie de 'Sálvame' con toga.
Ese es el nivel. Los falsos expertos en Derecho saben más que los profesionales, hasta el punto de acusarles de absolver a acusados de narcotráfico por la cara. Lo hacen porque no han leído los fundamentos que llevan a tales conclusiones, creo sinceramente que no les interesa leerlos porque eso supone esforzarse. Y el esfuerzo choca con el ruido y aquí a muchísima gente solo le interesa eso: el ruido, el bullicio, el comentario del tonto de turno que habla sin saber. No les interesa conocer las leyes, los requisitos que deben cumplirse para que consideremos cuándo se produce o no un delito, las líneas que nunca deben burlarse porque, de hacerlo, nos cargamos el trabajo de muchos en cualquier operación que se precie.
La opinión basada en el respeto y en el conocimiento muere en un mundo de acusaciones gratuitas, de alocados que lanzan las primeras impresiones y que sacan la bandera de una falsa defensa de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Ellos son los buenos que trabajan, ¿los jueces son los malos que gustan de tumbar esas operaciones con sentencias absolutorias? La difamación es tan gratuita como la ignorancia. Todo vale, también sacar pecho a conveniencia sin pensar, sin leer, sin preocuparse en ir más allá de la lectura de 4 líneas.
No esperen que esto vaya a cambiar. El mundo funciona a golpe de impacto, no a golpe de esfuerzo. Y en ese mundo encuentran su charca preferido todos aquellos que hablan, opinan y valoran sin saber. Los ejercicios de reflexión son tan sanos... que pena que gusten tan poco.






