Dos autobuses fueron apedreados en la tarde de ayer a su paso por Arcos Quebrados. Si ponen en el buscador de google: apedreamientos a autobuses en Ceuta se pueden encontrar referencias de años y años atrás. Sin temor a equivocarse, ha terminado por ser una costumbre, una mala costumbre de esas que echan raíces. Nunca se ha buscado una solución acorde para terminar con estas prácticas, como tampoco se ha hecho con las quemas de contenedores o vehículos. Lo único que se hace es responder a la presión mediática y a la crispación popular del momento con un grupo de trabajo o una de esas reuniones en la Delegación del Gobierno en la que todos los presentes salen muy bien puestos tomando notas de soluciones inviables. El tiempo nos da la razón.
Es difícil de entender que este tipo de situaciones, de episodios vandálicos no puedan ser controlados. Que pase el tiempo y lejos de desaparecer se sigan produciendo a plena luz del día, en la época de las cámaras, de los controles, de las ‘ciudades-Gran Hermano’ sin que haya identificados, sin que haya conexión con las asociaciones vecinales que pueden cooperar en erradicar estas prácticas. Es difícil de entender que en una ciudad con un sobrado número de fuerzas y cuerpos de seguridad, con la frontera cerrada y de reducidas dimensiones, se sigan produciendo ataques a autobuses llenos de gente sin que haya existido un mínimo margen de actuación resolutivo.
Dejamos crecer ese vandalismo hasta hacerse fuerte, y lo dejamos crecer porque no tuvimos en cuenta hasta dónde podía llegar. Y ahora nos encontramos con las terribles consecuencias de tener una sociedad que ha terminado por acostumbrarse a ver barrios llenos de coches quemados y asumir que más temprano que tarde se apedreará al servicio público que pasa cerca de tu casa o se calcinará el contenedor de la esquina. Y eso que hemos asumido como una costra no es nada normal, se queda en Ceuta, se oculta a este lado del Estrecho. En cualquier otro lugar de España se llevarían las manos a la cabeza y responderían con algo más que un grupo de trabajo. Seguro.







La costumbre es fuente del Derecho, en defecto de ley, como dice el artículo 1.3, del Código civil: En este caso para el vandalo, para el delincuente.