El próximo calendario laboral incluirá como festivo el final de Ramadán y la Pascua del Sacrificio. Ceuta dará un paso a la hora de perfilar una relación de festividades que debe recoger la realidad de una tierra bien alejada de los extremismos sobre los que algunos intentan hacer hincapié con tal de separar. Vox, como estaba previsto, acudirá a los tribunales para denunciar lo que considera un “calendario marroquinizador”. Siguen en sus trece, erigidos en un esperpento político que hasta resulta simpático por la cantidad de barbaridades que llegan a asumir como propias. El final perseguido saben cuál es, no se esconden, buscan una confrontación pero chocan con que ya nadie les va a seguir el cuento. Cada vez menos gente está dispuesta a asistir al show que volverá a repetirse este jueves con motivo de la sesión plenaria que se celebrará para su aprobación.
Lo único que han ganado es que algunas de las formaciones con representación se acobarden ante la situación generada. Le ha pasado al PP, que de boquilla explota unos discursos pero luego, en la intimidad, tiene su propia tempestad interna hasta el punto de que se tuvo que buscar una salida como la petición de un informe a la secretaria general en vez de enfrentarse al pleno, en su día, como se debía.
En esto de creer en las fiestas de todos se tiene que ser constante, claro y dejar a un lado la cobardía derivada de las amenazas de unos y de los complejos de otros que aún se piensan que aquí estamos hablando de concesiones. El error es ese precisamente, en hablar de los unos y de los otros, en convertir esto en una cuestión de enfrentamiento o, como hace Vox, de pérdida de identidad como país.
La normalización verdadera del calendario laboral vendrá a significar que, de veras, hemos asumido qué tipo de sociedad somos y dónde no deben descansar nunca las diferencias.
Queda mucho camino por recorrer para asimilar esta realidad. Lo que dudo es que todos estemos dispuestos a seguir la ruta acertada, sin entregarnos a odios, a recelos y a cuestiones que dañan lo más sagrado de cada uno al mezclar de manera interesada religión con nacionalidad. Y en esas malas artes hay quienes encuentran su gozo particular. De cada uno dependerá el saber qué futuro quiere para una tierra que avanza enrarecida.






