Hay políticos que saben dar lecciones en los momentos adecuados. Además lo hacen con elegancia, con la elegida ayer por el eurodiputado Jordi Cañas para hablar de los proyectos comunes, de la hoja de ruta que debe marcarse para que Ceuta salga adelante, con los mismos parabienes que otras comunidades. Cañas aparcó las siglas políticas, dejó a un lado el proyecto del que forma parte para hablar, sencillamente, de lo que es Ceuta, de lo que necesita y de la importancia de que por una vez Europa mire hacia su ciudad frontera atendiéndola como debe y no disponiendo por más tiempo unas trincheras que han sido violentadas sin vergüenza alguna por otro país y de la forma más bajuna, usando a menores para presionar.
Cañas habló con sinceridad, con sentimiento y con preocupación de lo vivido en Ceuta el pasado mayo. Y lejos de venir a crispar, lejos de venir a criticar, a poner de manifiesto lo mal o bien que lo hacen unos u otros, Cañas destacó la manera grandiosa en la que Ceuta, su sociedad, supo enfrentarse a una situación anómala, nunca antes vivida, y lo hizo dando una lección de responsabilidad.
Cañas no vino a ‘venderse’, ni tan siquiera a hacer política o a apuntarse tantos a pesar de ser el promotor de una resolución europea importante, que llevó a que por fin la dormida Europa despertara ante el chantaje de Marruecos y condenara su actuación. De igual forma ahora debe controlar que los acuerdos se cumplen, como por ejemplo el prometido por el propio Mohamed VI de hacerse cargo de sus menores, algo que evidentemente no está haciendo.
Ceuta no debe ser la misma desde el pasado mayo, no debe serlo por motivos obvios. Porque lo que sucedió esos días fue un plante clarísimo de Marruecos utilizando como cabeza de turco a nuestra ciudad. Sobre lo ocurrido no hay marcha atrás, pero sí hay capacidad de dejar unas bases fuertes para que, en otra ocasión, no se vuelva a producir este bochornoso espectáculo.






