Encontrar momentos en los que Ceuta haya estado más sucia que en la actualidad es complicado. En cada rincón te puedes encontrar restos de todo tipo: hasta un inodoro al lado de una cabina de teléfono. Los escombros, muebles del hogar, electrodomésticos, basura de todo tipo se mezcla dentro de contenedores y en las inmediaciones sin respeto mínimo a las reglas de reciclaje. Se ha perdido y permitido todo. Cualquier recoveco es válido para cometer una auténtica burla a la salubridad de un espacio común entregado a lo absurdo. De esto todos tenemos culpa: los ciudadanos por incurrir en prácticas que sabemos que están mal. Nadie nos va a quitar de casa el mueble viejo que antes recogían los marroquíes que pasaban por los barrios anunciando que te los compraban. Sabiendo esto, en vez de llamar para que te lo recojan o pagar un módico precio para que te lo retiren, se opta por depositarlo en mitad de la calle, como si no fuera con nosotros. Se quita lo que estorba a uno para que le estorbe a todos. Muy solidario.
La empresa de limpieza puede disfrazar su acción con todo el marketing que desee, pero su trabajo deja mucho que desear. No valen excusas ni culpables en causas concretas como la entrada de inmigrantes de mayo, el cierre de la frontera o el covid. También tendrá que buscar el origen de lo que hay en su propia organización.
El día a día nos arroja calles de barrios y del centro sucias, rincones en donde la misma basura se aprecia jornada tras jornada -es decir no se retira-, malos olores y una sensación de abandono que todos la vemos, pero solo algunos parece que la interpretamos. El Gobierno local mientras tanto vive en su mundo: anunciando campañas turísticas, talones promocionales, proyectos para atraer turismo... sin caer en el modelo de ciudad que quiere presentar a los demás salvo que su plan de turismo sea llevar a los recién llegados rápido desde el puerto hasta el Parque Marítimo y tenerlos encerrados bajo llave hasta que sea la hora de la vuelta.
Es una lástima la situación a la que hemos llegado, pero es la que tenemos, la que refleja la absoluta dejación a la que nos hemos entregado como si no existiera otra solución.






