Del centro de La Esperanza partieron ayer otros 33 menores en dirección a la Península. Forman parte del grueso de hasta 200 que han sido admitidos por las distintas comunidades autónomas. Muy pocos en relación a la presión que vive Ceuta y que no tiene posibilidad de un arreglo inmediato vista la actitud de Marruecos y vista la poca unión política que hay para intentar afrontar este asunto de la mejor de las formas.
Ceuta necesita de manera urgente una mayor implicación para disponer de unos recursos suficientes que eviten un problema mayor. Los medios que se han habilitado de manera urgente no pueden verse arrastrados por una permanencia que ya ha sido criticada incluso por la Fiscalía General del Estado además de por varias oenegés. Ni las naves son lugares para tener a menores, ni tampoco lo es Piniers y mucho menos una infraestructura deportiva. Las temperaturas van a más y el aguante a menos. Con las salidas tan reducidas de menores a la Península y el veto de Marruecos a cumplir con la entrega sus nacionales -por mucho discurso emitido por su rey que no deja de ser más que una burda propaganda-, no se vislumbra una solución adecuada al gravísimo problema en el que está nuestra ciudad que no ha hecho más que asomarse. Las consecuencias ni tan siquiera las podemos sospechar.
La adopción de soluciones no puede ser tan lenta. Madrid asegura que apoya a Ceuta, la Delegación del Gobierno dice que está haciendo gestiones, pero a pie de campo la situación sigue siendo la que tenemos, sin cambios, sin salidas urgentes, con cientos de niños bloqueados, con las consecuencias que esto puede tener para ellos y para el resto de la ciudad... Son los resultados del golpe maestro asestado por Marruecos del que no se puede tardar tanto en reaccionar. Sobre todo porque las secuencias no están agotadas y lo que se hizo en su día puede volver a repetirse con la agravante de que todavía no hayamos salido ni de la primera gran crisis.
Cada día que pasa va en contra de la estabilidad local y del interés del menor.






