Una ciudad como Ceuta, cuya vida es imposible de entender de espaldas al mar, se permite el lujo de no aprovechar los recursos marinos como debe y de no cuidar con el mismo mimo las playas de que dispone. Así tenemos situaciones como la ocurrida ayer tarde, cuando en plena campaña de verano la Policía tiene que desalojar la mitad de la playa de Benítez por un vertido al mar desde un caño que lleva años dando los mismos problemas. Eso es un ejemplo de lo que sucede en más playas. La de San Amaro lleva soportando este tipo de situaciones desde hace tiempo, arrastrando problemas a los que no se les pone solución, obligando a sus usuarios a convivir con una de las playas con mayor encanto pero sin las mínimas condiciones.
Del Tarajal mejor ni hablamos como del olvido al que se está llevando la de Calamocarro, uno de los rincones más apreciados de Ceuta.
Queda la foto de las banderas azules, la de cada año. Porque esa es la que gusta sacar, no la relacionada con la hilera de banderas negras que deberían ir acumulándose en las playas que no son objeto ni de la atención ni del cuidado merecidos a pesar de las quejas de los usuarios y de los reportajes publicados en medios de comunicación. Ceuta es selectiva hasta con las playas que toca cuidar, como si se hubiera entregado a un reduccionismo consentido de las que pueden o no ser disfrutadas, así, sin más.
Y en eso de vivir de espaldas al mar no solo tiene que ver el cuidado de las playas, sino la atención, la querencia y la potenciación que se da a todo lo relacionado con los fondos marinos, con la potenciación de actividades, con el desarrollo y fomento de un museo del mar visitable como el que hay en otras ciudades... la eterna asignatura pendiente en esta tierra.
Mientras un puñado de luchadores insiste en intentar hacer ver que estas generaciones no pueden seguir creciendo sin saber qué tesoros tienen en la naturaleza más próxima, nuestros mandamases pierden sus energías en otros menesteres obviando lo principal que no es otra cosa que sentar las bases de una ciudad que tiene que ser conocida para ser entendida y respetada, claves para que quienes aquí se crían sientan que también hay momentos en los que debe ser defendida.






