El 7 de mayo de 2010 salió de la Consejería de Fomento un expediente en el que se decía: “Desde el Negociado de Vías y obras se ha remitido dicha documentación a Obimace, con el fin de iniciar las obras de reparación”.
Un documento que se refería a los desperfectos de Fuente Caballo 14, en concreto a los muros que hay junto al Paseo Marítimo recientemente construido.
Aún no se ha reparado ese muro, denuncia Malika Abdelkader Mohamed, la vecina perjudicada por esta tardanza de Obimace en iniciar el proceso de reparación. Tal y como se aprecia en la foto, son abundantes los desprendimientos del muro, lo que a la larga puede suponer un peligro. No sólo para la estructura de la casa, sino también para la integridad humana. “Aquí lo que va a tener que pasar es que a alguien le caiga una piedra, se haga daño, y haya que denunciar a la Ciudad”, se queja Manuela González, una de las vecinas de Fuente Caballo.
Los vecinos también están hartos de que se vean obligados a soportar cómo, con la apertura del paseo marítimo junto al parque, hayan aumentado los robos, según denuncian. “No nos parece mal que haya gente que pase por aquí, pero hemos sufrido varios robos”, denuncia González. Son sólo una calle, una calle céntrica. Y se quejan de que tienen que pelear cada cosa. “Vamos a tener que constituirnos en una asociación, como otras barriadas, a ver si así nos hacen más caso”, comenta, indignada, esta vecina. Y cita otro ejemplo, el de la barandilla de las escaleras que dan al Recinto y por las que se entra. “Iban a poner la antigua, y les dijimos que la quitaríamos. Así conseguimos que pusieran una de aluminio, como en otras barriadas”, cuenta.
O, por ejemplo, que los arcos que hay para entrar a Fuente Caballo fueran arreglados, ya que han hecho ese paseo.
EL CRISTO, LA COCINA
Hace 51 años, dos vecinos de Fuente Caballo pusieron un cristo en el medio de la barriada, que los vecinos cuidan y mantienen en buen estado. Lo que no pueden controlar, y para lo que ahora piden ayuda, es que arreglen el arco que hay entre las viviendas. Está cediendo hacia uno de los lados, y con ello destrozando la cocina de Adela Rodríguez, otra vecina de toda la vida de esta barriada. Así lo muestran las grietas que hay en su cocina, que poco a poco está cediendo con todo el riesgo que eso supone. No es una queja nueva: el 19 de enero del año pasado envió una solicitud a la Dirección General de la Vivienda de la Ciudad Autónoma, adjuntando fotografías, y no ha recibido contestación alguna. Reseñaba el peligro “de que un día de estos el Cristo se instale en la cocina de mi casa”.







