Lo de las futuras instalaciones de la Policía Nacional y de la Guardia Civil es de traca. En todas las campañas electorales se ha anunciado el compromiso de poner en marcha esas nuevas sedes para ambos cuerpos de seguridad, atendiendo a las circunstancias deplorables en las que los policías deben prestar servicio (eso parece un piso patera más que una Jefatura) o el estado de una casa cuartel cuyo futuro pasaba porque el solar ahora tapiado hubiera acogido -hace años ya- la futura Comandancia, respetando el bien patrimonial que salvó la demolición del cuartel de las Heras y que se está dejando caer a pedazos. Estoy convencida de que le ha tocado en gracia una muerte anunciada, consentida e incluso instada.
De ambos proyectos comprometidos, presupuestados, con espacios elegidos y con proyectos, nada se sabe. Quedaron sobre el tintero, dieron forma a titulares, artículos de prensa, anuncios de todo tipo que nunca se llevaron a cabo. Para mí esto son mentiras. La clase gobernante lo llama incumplimiento justificado por trabas que ellos mismos inventan. Pero en el fondo son mentiras. Porque lo que se anuncia con fecha en el calendario y no se lleva a cabo es un burdo engaño premeditado de quienes no saben hacer su trabajo en condiciones.
Y así tenemos unas instalaciones que abandonaron por el camino la etiqueta de dignas para seguir albergando a todas las unidades de aquella manera. Solo en el patrón/patrona de turno comprobamos su estado, que es cuando de nuevo nos topamos con más anuncios de mejora. Es un círculo vicioso que lejos de causar sonrojo anima a continuar el juego del vender y no cumplir.






