La política del avestruz que ha elegido como norma de la casa el Ingesa terminará por volverse contra la propia institución, haciendo un daño irreparable a su imagen. Hace meses que su máximo responsable, Jesús Lopera, decidió terminar con los sucedáneos de rueda de prensa que ofrecía, en las que, al menos, cada medio de comunicación podía formular una pregunta. No se podía considerar comparecencia como tal, pero suponía una oportunidad para plantearle una cuestión en tiempo de pandemia. Ingesa, con el permiso de la Delegación del Gobierno, incurrió en este esperpento y lo mantuvo durante un tiempo hasta que, por sorpresa, Lopera dejó de comparecer y su gabinete de prensa empezó a remitir vídeos enlatados en los que el jefazo del Ingesa hablaba de lo que consideraba que debía hablar, sin preguntas y sobre cuestiones que solo él consideraba importantes. Se pasó del esperpento consentido por la Delegación del Gobierno al insulto, que también consiente y permite la misma institución de la plaza de los Reyes. En plena pandemia la política pasa por esconderse, pasa por hacer no una burla a los medios de comunicación, sino a los ciudadanos que se nutren de la información que aportan esos mismos medios.
Nos interesa saber cuestiones que afectan al modo de proceder de Ingesa con sus trabajadores, queremos saber sobre la vacuna de Lopera, consideramos necesario que hable sobre qué criterios está teniendo el hospital con enfermos covid... pero todo esto cae en saco roto porque Lopera, sencillamente, decide no comparecer y la delegada del Gobierno se lo permite.
Es como si el alcalde Vivas se negara a hablar de asuntos de la pandemia y le impidiera a Gaitán referirse a los mismos cada viernes, en la comparecencia que hay tras el Consejo de Gobierno. La diferencia entre una y otra administración es que la primera protege el oscurantismo de Ingesa y la segunda no solo ha hecho un apartado específico sanitario cada viernes sino que, además, permite a los medios de comunicación hacer las preguntas que estimen oportunas de manera presencial o a través de WhatsApp, formulando cada periodista su o sus preguntas, no dictándolas un gabinete de prensa como se le antoja.
Seguimos queriendo saber más de lo que se nos cuenta. Nos quedaremos con las ganas ante tal actitud de cacique de pueblo. Con permiso de la delegada.







A ver si asumimos que vivimos en una dictadura. Solo que el dictador que asola a la mitad de España es inepto hasta como dictador