Hay quien tiene suerte y no solo estudia lo que quiere sino que después logra trabajar de lo que le gusta. En el campo de las vocaciones hay de todo, algunas se tuercen en el camino porque el dinero pesa más que la querencia o porque lo práctico termina pisoteando sueños imposibles. Cuando uno tiene una profesión sabe que está obligado a hacerlo lo mejor que puede. Sería su deber moral. Luego estamos hartos de conocer a gente con un trabajo que nunca es capaz de hacerlo bien y los que se mecen en los brazos del pasotismo mientras haya otros tantos que arreglen sus desperfectos.
El complejo de héroe no debe acompañar a las profesiones, al menos no debería. En este pueblo tenemos la mala costumbre de pintar demasiados héroes cuando en el fondo únicamente están haciendo su trabajo y cobran, mal o bien, por ello. Los médicos salvan vidas (sería incongruente que hicieran lo contrario), las fuerzas de seguridad detienen a los malos, la clase judicial se encarga de buscarles acomodo entre rejas... Luego están los que levantan la persiana a diario para que coma usted pan caliente, los que arreglan sus enchufes o los que evitan que la avería de la lavadora sea eterna. Lo que pasa es que estos tienen menos estrella y de ellos nadie se acuerda ni tienen su momento de gloria para dar ruedas de prensa en las que recordarnos todo lo que hacen por nosotros.
Siempre he mantenido que los héroes deben tener la condición de obrar en silencio. Por eso cuando alguien se asoma a la galería para recordarnos que está dando su vida por los demás... perdonen pero huyan, detengan el paso, reflexionen y después huyan. No olviden que la soberbia es mala compañera.







Señora Echarri : de nuevo de acuerdo con usted , pero algún día discreparé.
La cuestión que veo es que puede organizarse una especie de cacería, porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, y vivir en estado de gracia es casi imposible en estos tiempos.