Uno llevaba unos manguitos de niño pequeño como si fueran aletas. Otro un traje de neopreno de los más baratos. Y el tercero se ayudaba de un chaleco que supuestamente le iba a salvar la vida pero que de nada sirve. Así cruzaron en la mañana de ayer tres hombres de Marruecos a Ceuta. Y lo hicieron reflejando en sus rostros y en sus prendas las penurias que nacen entre fronteras, la desesperación que lleva a quien nada tiene a cruzar una frontera a nado a pesar de las condiciones climatológicas adversas. Son muchos los que han muerto y del número de desaparecidos ni se sabe. Es el drama en vivo y en directo que aflora en una línea, erigida en frontera sur de Europa, que de nada sirve, que está abandonada, que evidencia la falta más absoluta de infraestructuras y de medios. Ceuta, ciudad frontera, muestra también las diferencias que hay entre ambos lados del Tarajal. Estos hombres se lo jugaron todo, arriesgaron sus vidas por cruzar a este lado buscando una alternativa a sus vidas. En Marruecos el hambre y las necesidades están llevando a muchos jóvenes y no tan jóvenes a dejar atrás su tierra para marchar pensando que encontrarán algo mejor, sin saber que el cupo de alternativas ya se ha agotado en una España que no sabe cómo saldrá adelante, en una España cuyas esperanzas también han terminado agotándose mes a mes, poco a poco.






