La Ciudad tiene una asignatura pendiente con el Parque de Santa Catalina, ideado para ser un auténtico referente que iba a apoyar al siempre colapsado San Amaro, donde, por cierto, nunca se terminaron los senderos previstos. Hoy, años después de su construcción, lo único bueno que puede contarse de la actuación en sí es que se termine con la mole de basura que suponía el vertedero con el que Ceuta recibía a sus visitantes. Después de aquello, el resultado ha sido el de una zona muerta por una relación de errores a los que no se ha puesto solución. De entrada se actuó mal, con tierra escasa y mala para poder plantar con fundamento, lo que ha llevado a que todo el dinero gastado en plantas se haya tirado a un pozo sin fondo. Después no se ha apostado por un programa de mantenimiento permanente que sirva para que el Parque sea realmente eso, un parque. En la actualidad los aparatos de gimnasia están todos oxidados y lo que se creó como merendero y zona de juegos está abandonado. Ni tan siquiera se ha dado la protección obligada al garitón considerado Bien de Interés Cultural que cada día está más degradado. Se tiene una asignatura pendiente que, para aprobarla, solo requiere de un poco de atención, solo cumplir con lo que se prometió en su día.






