Carmen Cruz creía que su marido se había ido con otra. Llevaba tanto tiempo sin saber de él que pensó que la habían abandonado . “El 7 de diciembre cumplimos 24 años de matrimonio. No me llamó”, cuenta la mujer desde Miami. “Él siempre se había preocupado por mí. No entendía cómo no me enviaba una tarjetita o algo”. Una llamada desde España le informó de que sus temores eran infundados: su hombre se hallaba bloqueado en aguas ceutíes, a bordo del Katrine Krog, a la espera de que el dueño del carguero pusiera el dinero para comprar combustible y entrar en el puerto. Si no había avisado, era porque el capitán no le permitía hacer uso de la radio. Sin embargo, a pesar de que la voz desconocida le confirmaba que su marido no la había dejado, la mujer lloró.
Más de dos meses antes, el 1 de octubre, Jorge había pedido a su esposa que le acercara al aeropuerto ese mismo día. Se iba a Europa, a Dinamarca, donde le esperaba un barco que tenía que llevar a Haití. Carmen quedó sorprendida. “Me dijo que le había salido un buen trabajo. No me avisó antes porque no me quería preocupar. Él pensó que no le iba a dejar irse”.
Carmen no se resistió. Su marido llevaba “siete u ocho meses” sin empleo, y cualquier trabajo que pudiera rebajar la tensión de las deudas era bienvenido. “Le dejé en el aeropuerto”, recuerda Carmen mientras aprovecha uno de sus descansos en su trabajo de cocinera en una residencia de ancianos de Florida. “Y justo cuando el avión iba a levantar me llamó. Me dijo: ‘Mami, todo está bien”.
Como los días iban pasando sin noticias de su marido, Carmen se empezó a agobiar. Sus hijos, sobre todo el pequeño, Ángelo, de 16 años, también lo pasaban mal. “El pequeño es el más apegado a papá. Le digo: Ángelo, ven a comer. Y responde que no, que papá se ha marchado o se ha ido con otra esposa, porque si no ya estaría de vuelta a casa. Yo trato de explicarle que ‘daddy’ (papi) está trabajando fuera por nosotros”.
De origen hondureño, Carmen cuenta con un permiso de trabajo en los Estados Unidos. No así con la nacionalidad. Suspendió el examen que exigen en el país americano. Su relato dibuja una vida llena de esfuerzo. Muchas deudas, empleos... En fin, una vida de dos inmigrantes para sacar adelante a dos niños. Y dice que lo peor ha llegado ahora ya que lo que le daba sentido a todo era tener a Jorge cerca. Tan mal está la cosa que no quiere contarle toda la verdad a su hijo pequeño. El chaval está de exámenes finales, y su madre cree que podría distraerle si le informa de que su padre está lejos, en Ceuta, bloqueado en un barco, sin saber cómo salir y con dolores en las cervicales. “Por favor, mándenmelo como sea. Por mí o por mis hijos”, pide Carmen. “Si me lo envían a Miami, yo lo cuido. O busco a mi mami si yo tengo que trabajar”. La mujer no quiere llorar, pero hay cosas que son imposibles.






