El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, ha ofrecido una entrevista a este periódico en la que aporta una serie de mensajes que, además de claros, son necesarios. Y lo son en unos momentos delicados en Ceuta por muchos motivos. Estamos atravesando una de las peores crisis que bien podría etiquetarse ‘de identidad’. Una crisis sobre nuestro futuro inmediato como ciudad toda vez que a la asfixia permanente ejercida por Marruecos se está sumando una actitud de abandono por parte del Gobierno de la Nación. Entre una y otra pared está Ceuta y está nuestro futuro. Son momentos demasiado complicados como para abrir una brecha en la sociedad que no conduce a ninguna parte. Los mensajes racistas conocidos han herido a una ciudadanía que no puede ni comprender ni aprobar tales aberraciones. Pero contra esto debe adoptarse una actitud inteligente: recurrir a la Justicia y a la Policía para, primero, identificar a los autores de los mismos y, segundo, pedir responsabilidades -que las puede haber no solo en el plano judicial, también en el político-. En ríos revueltos siempre hay quienes buscan ganancias y esta crisis ha querido ser aprovechada por algunos para fomentar más crispación e incluso alentar a hacer escraches u organizar manifestaciones. Afortunadamente la sociedad ceutí ha estado a la altura y no ha secundado una deriva que, precisamente en estos momentos, nos hace un daño crucial. El presidente Juan Vivas deja claro que condena esos contenidos pero pide prudencia hasta conocer quién o quiénes escribieron y difundieron unos pensamientos de descerebrados y propios de alguien que no se merece convivir en este pueblo. Prudencia, no caer en juicios paralelos y calma. Algo que se requiere ahora más que nunca ante un escenario muy complicado para nuestra ciudad, con tantos frentes abiertos y con convulsiones políticas que atacan la necesaria estabilidad para todo. La sociedad ceutí ha madurado y ha demostrado saber mantener una postura de auténticos valientes. Es la única manera de no caer en oportunismos malsanos que han buscado hacer daño a lo más preciado que tenemos: la convivencia.






