La polémica generada por la divulgación de los mensajes racistas ha generado una reacción de falsos héroes. Esos que se ocultan detrás de pintadas efectuadas con nocturnidad y alevosía y que no son más que cobardes incendiarios. Lo son ellos y quienes les alientan a hacerlo. Lo son ellos y quiénes promueven la difusión de mensajes incitando a la población a hacer escraches mientras se esconden para no ser responsables si ocurre alguna incidencia. Pero lo son. Están incurriendo en las mismas provocaciones que los autores de unos mensajes de contenido deleznable que están bajo investigación de la Policía y de la Justicia. Los profesionales de ambos ámbitos llegarán hasta el final, llegarán a la autoría y actuarán en consecuencia. Todo lo demás sobra, todo lo demás no supone más que una manera de calentar a la población jugando con algo tan sagrado como es la convivencia. Y no, por ahí no se debe pasar. Los ceutíes no se deben dejar manipular por intereses desvirtuados, tienen que tener la más completa seguridad de que la Policía averiguará e informará al juez y de que la Justicia intervendrá como se debe.
Los máximos representantes de entidades musulmanes como es la Comunidad Islámica o el imam Ahmed Liazid -un auténtico referente en la convivencia- se han unido en un llamamiento único: el de la calma y el de la prudencia.
Porque ese es el camino. No hay otro. Los mensajes que han buscado degradar y humillar a una parte de la sociedad caballa serán analizados y castigados en un ámbito concreto y ese, para nada, es de las calles, el de las pintadas o amenazas, el de las convocatorias anónimas o el de la búsqueda de conflictos. Eso no son más que manipulaciones interesadas de cobardes que además se esconden bajo la capa de una falso heroísmo y una falsa defensa de una de las culturas de nuestra ciudad.
Que haya intereses por seguir haciendo ruido es reprochable, ellos son los que no buscan condenar lo sucedido, sino aprovecharse de lo que sucede para sus propios beneficios.






