Un camerunés, un compañero que se marchó hace más de dos años de Chad y una mujer de Costa de Márfil. Éstos son los portavoces que ayer designo el grupo de inmigrantes francófonos que, desde el pasado jueves, optaron por iniciar una ronda de manifestaciones para exigir una solución a su estado de bloqueo en el CETI. Ellos fueron los que, pasadas las once de la mañana, fueron recibidos por el mando superior de la Policía Nacional en ausencia del jefe, Jaime Castelví, para darle conocimiento de sus pretensiones, en el primer encuentro oficial entre inmigrantes y fuerza de seguridad. El viernes se intentó llevar a cabo pero fueron los propios inmigrantes los que desecharon la idea. Ayer, algo debió cambiar cuando el grupo, que roza el centenar, optó por elegir una representación y comenzar lo que ellos llaman ya ‘negociaciones’.
Qué piden: una solución real a su problema. Qué más: se niegan a seguir escuchando la palabra “espera”. Ayer ellos, “por ser los que mejor hablamos español”, confesaron a este medio, se entrevistaron con la Policía. ¿Resultado del encuentro? Ninguno. Mientras en la puerta de la Jefatura se constituía un campamento de inmigrantes, los ‘elegidos’ hablaban. Poco pudo resolver la Policía porque, explicó el grupo, “no está dentro de sus competencias”. “Nos han asegurado que los expedientes se seguirían resolviendo con toda la prontitud posible y que ellos se limitan a iniciarlo. Si la Policía no puede ayudarnos, ¿entonces quién?”, espetaba una portavoz del grupo, visiblemente incómoda con una situación que “empieza a ser desesperante pero tenemos claro lo que queremos”.
Así que tras mucha palabrería y buenas intenciones pero sin resultados: vuelta a la puerta de la Delegación de Gobierno a exigirle al representante de Zapatero en Ceuta, José Fernández Chacón, que tome ya una resolución sobre la situación que están viviendo. “Ésta plaza es nuestra nueva habitación. Nos han dicho que nos recibirán el lunes porque el delgado no está”, explicaron. “O nos dejan marchar hacia Europa o nos dejan volver a casa. Pero aquí ya no podemos seguir así. El gobierno es malvado con nosotros. Estamos cansados de esperar, esperar y esperar. Queremos ser libres”.
Los inmigrantes, todos francófonos y bien organizados, optaron ayer por permanecer todo el día en el centro de la ciudad. Adoptaron unas maneras más tranquilas por la tarde después de una mañana más movida. Comenzaron plegando cartones que golpeaban contra el suelo para hacer más ruido y elevar sus protestas lo más lejos posible. Pitaron y pitaron y hasta llenaron botellas de plástico con arena para que, al golpearlas contra el suelo, hicieran más ruido. Y también fueran más fuertes.
La Policía mantiene controles sobre todo el grupo siguiendo sus movimientos y controlando los pasos que dan. De momento la administración central, con la que no han hablado ya que la portavocía la está llevando a cabo la Policía, sigue manteniendo la misma postura. No habrá revocación de los expedientes de expulsión ni cambio de postura.
Entre el grupo hay inmigrantes que llevan más de dos años en el CETI pero otros, los más, que no llevan más que pocas semanas. Durante el día de hoy, anunciaron, seguirán haciendo visible su protesta a una ciudadanía que ve el problema con recelos.
Las sentencias sobre las tarjetas amarillas frenan la petición de asilo
Desde que se dictara la primera sentencia contraria a las reclamaciones de los inmigrantes que tienen la tarjeta amarilla y que piden viajar a la península, está descendiendo notablemente el número de peticiones de asilo. Las sentencias que avalan la decisión de la administración central de impedir que los inmigrantes viajen a la península a pesar de tener estas tarjetas, ya que se hace prevalecer el tratado de Schengen sobre la ley de asilo, siguen dictándose en la misma línea. No hay una, ni dos, sino varias. Y todas, dictadas por diferentes juzgados, en la misma línea favorable a la Delegación del Gobierno. De hecho en breve a las tarjetas se les va a añadir la leyenda ‘excepto Ceuta y Melilla’.
CEAR mantiene sus recursos, porque no son firmes. Pero ya, indirectamente, los subsaharianos se han dado por aludidos y ya no están pidiendo asilo porque saben que la obtención de la tarjeta no les posibilita un tránsito libre por la península.
A su vez un dato curioso: están desapareciendo algunos subsaharianos anglófonos del campamento. Se presume que han escapado ocultos en camiones, o en los bajos de autobuses. Las mafias funcionan y todo esta coordinado. Se sospecha de la presencia de subsaharianos que se dedican a guiar precisamente estas salidas. Permanecen en el puerto para indicar a los compatriotas que quieren la escapada cuando ocultarse. Cuentan con la connivencia de otros compañeros y así funciona la mafia organizada para que los que quieran intenten escapar.
Es una realidad constatable, como también lo es la separación habida entre el colectivo de anglófonos y el de francófonos. Este último es el que está moviendo las últimas concentraciones y, curiosamente, francófonos son la gran mayoría de los que están llegando en las balsas que rescata Salvamar. La ‘Gadir’ no tuvo que realizar ayer servicio alguno. Su trabajo se mueve en coordinación con la Benemérita a la hora de auxiliar a los detectados en balsas. La Gendarmería marroquí hace su labor en sus aguas y la Guardia Civil en las suyas, hecho que se viene produciendo desde hace dos semanas tal y como ‘El Faro’ publicó en su día al iniciarse la crisis entre Marruecos y España.






