Las escenas presenciadas en la sesión plenaria de ayer no son dignas de una Asamblea seria como debería ser la de Ceuta. Insultos y descalificaciones en un órgano que representa a todos los ceutíes y que se convierte cada mes en un atril para descalificar al contrario en vez de un lugar para proponer y trabajar en favor de los ciudadanos.
No sólo son los insultos entonados ayer, sino las contantes faltas de respeto o el desdén con el que muchas veces se dirigen los unos a los otros, como si no se tuviera en cuenta el trabajo de cada uno o si se quisiera destacar por encima de los demás sin importar lo que haya hecho el otro.
A excepción de unos pocos, parece que cada uno va a lo suyo, sin intención de trabajar en conjunto para construir una Ceuta que mejore la calidad de vida de sus habitantes.
En cierto modo, deberían agradecer que las sesiones plenarias le importen poco a la ciudadanía, porque flaco favor le harían a muchos diputados y diputadas que los ceutíes vean el comportamiento que mantienen sus representantes en un órgano como es la Asamblea.
Si en algo se caracteriza la democracia que tanto costó consolidar, es la libertad con al que contamos los españoles para expresarnos, pero eso no da derecho a que se use un escenario público, como es un Pleno, para mostrar ese desprecio al contrario que muchas veces tenemos que presenciar en este tipo de sesiones.
La lástima es que lo de ayer no fue una excepción, sino que siempre hay un comentario por encima del otro o se busca el momento para descalificar y querer sobresalir ante el resto.
Hay que tomarse las cosas con seriedad, porque hay que recordarle a los componentes de la Asamblea que están allí por y para el pueblo, no como escaparte para lucirse o para su propio discurso electoral.






