La manipulación que de los asuntos migratorios hacen muchos partidos políticos y entidades ha provocado de manera directa un odio hacia el inmigrante. Se le odia porque sí y se opina de manera negativa contra su persona protagonicen la noticia que protagonicen. Hasta hace unos meses la cosa era bien distinta. Cuando se publicaba una información había quienes opinaban de una forma objetiva y luego estaba el club de los afines a lo radical. Sobre la balanza era un 50% contra el otro. Ahora no. Ahora solo hay odio hasta el punto de dejar por escrito auténticas barbaridades.
El pasado fin de semana publicábamos que se habían encontrado ahogados los dos argelinos que marcharon en kayak desde el CETI. Aparecieron en Argelia, hasta allí los llevaron las corrientes. Es una tragedia, se mire desde donde se mire. Ni la cabeza ni el corazón deberían admitir ningún tipo de mensaje que vaya más allá de lamentar la muerte de dos jóvenes de esta manera. ¿Pues saben qué? Lo difícil, o mejor dicho, lo imposible era encontrar un solo mensaje de pena, de tristeza. Todos tenían en común el odio. ¿Esta pareja que no llevaba ni un mes en Ceuta hizo algo malo?, ¿tuvo acaso tiempo para generar ese odio, esa hilera de comentarios tan desafortunados? No, no hicieron nada. Pero el odio el rechazo se han extendido de tal forma que nos está transformando como sociedad. La que se dibuja es repugnante.






Debemos arrojar a los océanos del tiempo
una botella de náufragos siderales,
para que el universo sepa de nosotros
lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán:
que aquí existió un mundo donde prevaleció el sufrimiento y la injusticia,
pero donde conocimos el amor
y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(escribió esto después de enterarse de que a la radiación nuclear solo sobreviven los insectos que caminan a ras del suelo)
Se equivoca Echarri en que "lo imposible era encontrar un solo mensaje de pena, de tristeza".
Mi botella de náufrago sideral iba llena de lágrimas y, probablemente por haberse hundido, no la localizaron.
Acierta en cambio plenamente con su última palabra.
Por si acaso BIG BROTHER nos lee los mensajes de El Faro desde el ciberespacio,
por si acaso soy interrogado el día del juicio, el de verdad, el Final, ("y usted dónde estaba, y usted qué hizo") no me gustaría que la periodista apareciese como la única en la ciudad que dice, a cara descubierta, las cosas que dice; y quisiera compartir tal honor.
(nos quedan dos días para estar muertos).
Y me llamo Juan Ignacio.