Me llama mi amigo Abdelkader. Persona a la que estimo, como él a mí, porque han pasado ya muchos años desde aquel año 98 en el que me recogió en su taxi para acudir a cubrir una información, empezamos a hablar y terminamos forjando una gran amistad. Me cuenta apenado que la Avenida Dr. Abdelkrim, aquella que se hizo en recuerdo a nuestro querido médico (y digo nuestro porque se ganó el cariño y respeto de todos los caballas), ha perdido desde hace tiempo su letrero identificativo. Se colocó casi en el mismo periodo en el que se dispuso una estatua en su honor a las puertas del Hospital pero después desapareció. Han pasado los meses y nadie repara en esa pérdida, en volver a renombrar la avenida con el nombre de quien fue algo más que un doctor para muchos, de quien se ganó la admiración de muchas personas por su humanidad. Estos son los ‘detalles’ que no pueden ser pasados por alto, porque hacerlo significa olvidar la importancia de los respetos colectivos hacia figuras que han sido inolvidables para todos nosotros.
En breve abrirá la nueva superficie de Mercadona precisamente en esa avenida. En breve se recuperará la actividad comercial y será una de las zonas más transitadas. Antes de que esto ocurra habría que subsanar el fallo para que este rincón elegido para portar el nombre de nuestro médico vuelva a lucirlo.
De Abdelkrim todos guardamos un recuerdo, todos tenemos en mente a aquel médico que corría por los pasillos con la bata abierta, que se desvivía por los que veía con cualquier necesidad médica, que no reparaba en mil intentos con tal de sacar adelante a los enfermos. Su vida era eso, conseguirlo.
Espero que Abdelkader me vuelva a telefonear para comunicarme que ya se ha hecho justicia, que las cosas han vuelto al mismo lugar en el que nunca debieron verse alteradas. Sé que Abdelkader tiene siempre presente a nuestro querido médico y sé que su alegría será compartida por muchos ciudadanos que admirábamos a quien sin duda fue capaz de convertir la medicina en algo más.






