La frontera se ha convertido en puerta de garantía para aquellos criminales que huyen al vecino país para evitar la acción penal en nuestra ciudad. Tenemos casos de asesinatos que no pueden cerrarse con la detención de los implicados porque éstos aprovecharon para huir a Marruecos. Ha habido precedentes en los que esos criminales, engañados, volvieron a Ceuta en donde se les pudo detener, sentar en el banquillo y condenarlos. Pero son los menos. Hay víctimas esperando que alguna vez se haga justicia, que se logre detener a los implicados en muertes violentas, que puedan responder ante la justicia. Esa confianza choca con un muro fronterizo sorteado por aquellos delincuentes que pueden nutrirse de esa vía de escapatoria abierta. Si a esto sumamos el déficit de control fronterizo después de que las administraciones no consideraran prioritarias las inversiones en este punto concreto durante muchos años (la prisión ha absorbido la práctica totalidad del dinero que venía procedente de los Presupuestos a Ceuta), los resultados son aún peores.
A la inversa también se suceden episodios de igual gravedad. Marruecos no puede detener a implicados en crímenes cometidos en su país porque éstos huyeron a Ceuta, sintiéndose protegidos a sabiendas de que nunca más cruzarán al otro lado. La frontera separa dos mundos y divide también escenarios criminales que no pueden cerrarse con la debida resolución, la que esperan los familiares de esas víctimas que quedaron en el camino.
Y se preguntarán ustedes que qué se puede hacer para terminar con una impunidad, con una frustración para los investigadores, con una losa para las familias que han perdido a sus seres queridos en acciones crueles que no pueden ser sentenciadas. Las líneas rojas están más que marcadas, son inviolables, un país no puede interferir en lo que haga el otro ni a la inversa, pero sí hay resquicios, existen grietas que pueden taparse y no se está haciendo desde el momento en que se permite que siga habiendo vacíos de seguridad difundiendo unas buenas relaciones que ni lo son tanto ni se sustentan en la comunicación necesaria a pie de frontera a los niveles que se tuvo.





