“Centenares de personas en silencio, aguardan a la Misa del Peregrino en un silencio tan grande como esas altas paredes que nos cobijan”.
No les puedo asegurar que si deciden la aventura por las tierras del Norte, vayan a tener lluvia, viento, ni frío o calor, cansancio, ampollas, cuestas, bajadas, sed, que te pierdas…
Sin embargo les garantizo que a cada momento le brotarán Flores en el Camino, y voy a tener la osadía de detallarlas.
Nada más entrar en campo abierto te cruzas con personas de avanzada edad, trabajando duro pero dignamente, que parar sus herramientas unos segundos, con una sonrisa y mirada limpia, para darnos un “Buen Día” “Buen Camino” (La flor del deseo).
La música del agua en su correr, los cantos de los pájaros en libertad, los colores mezclados en armonía, te aceptan como a uno más del entorno. (La flor silvestre).
Cada peregrino que viene o que va, que te adelanta o al que pasas, que camina a tu lado un trecho, sin hablar necesariamente, sin prisas, sin tiempo. (La flor de la bondad).
Las casas de comida, con sus gentes que dan lo que tienen y a cualquier hora por poco dinero y mucha entrega. (La flor de la hospitalidad).
Los pueblos o ciudades cuando acaba el día, con sus mesitas de madera y un buen orujo como medicina. (La flor de noche).
Las playas de Fisterra te abrazan con sus aguas limpias, después de mucho trabajo sin chapapote. (La flor del mar).
Y la que más me marcó, la Catedral de Santiago abre sus puertas para todos, creyentes y no creyentes. Centenares de personas en silencio, aguardan a la Misa del Peregrino en un silencio tan grande como esas altas paredes que nos cobijan. Varios sacerdotes venidos de todo el mundo ofician una misa repleta de emociones, donde se enumera a los peregrinos asistentes de todo el orbe y en Comunión. (La flor de la esperanza).
Gracias al Hacedor por brindarnos la oportunidad a todos, de contemplar “Las Flores del Camino”.
José Ignacio Castro Martínez




