Hace ahora algo más de un año que escuchamos dos medidas que, por parte del Gobierno, se consideraban prioritarias. Por un lado, la rebaja de los tipos de IPSI para renovar el comercio ceutí y como objetivo final la creación de empleo y, por otra, la utilización de fórmulas que permitan la llegada de más viajeros desde el otro lado del Estrecho con la rebaja de los billetes de transporte marítimo.
El tiempo ha pasado, se han mantenido multitud de reuniones, se habrán redactado infinidad de informes, pero, en definitiva, no tenemos ningún resultado encima de la mesa. Ni vamos a contar con la rebaja de los tipos de IPSI en general, salvo ese producto que se va poner en circulación, ni conocemos cuando se podrán rebajar las tarifas marítimas.
Esa iniciativa política que se le supone a cualquier gobierno necesita de medidas que, en el caso de Ceuta, se antojan urgentes. Porque soy el primero que defiende la necesidad de estar siempre a buenas con Madrid, de entenderse con el Gobierno que resida en La Moncloa, pero también entiendo que alguna que otra iniciativa se debe poner en marcha de manera directa, de manera urgente, porque no podemos seguir mirándonos los unos a los otros, y la casa sin barrer.
Si el Gobierno de la Nación ha dado el visto bueno para que, al menos, un producto se pueda situar en límites de un IPSI superreducido, no perdamos el tiempo, intentemos tomar la decisión lo más pronto posible. Si necesitamos una rebaja en las tarifas marítimas, llamemos a las navieras a sentarse en una mesa y que entre todos seamos capaces de tomar decisiones. No podemos seguir alargando esta agonía, porque llevamos un año esperando soluciones que no llegan.
Y ya no es cuestión de hablar de reducciones en los tipos de IPSI o en la rebaja de los precios marítimos, porque estas mismas opiniones pueden ser trasladadas a otras áreas de gestión, donde la iniciativa política está brillando por su ausencia y la indolencia se está imponiendo en un dejar pasar los días, las semanas y los meses y cuando nos demos cuenta resulta que estaremos ya al borde de cumplir el primer año de esta legislatura.
No estoy hablando de un golpe de timón, sino de cumplir con un programa electoral que fue votado nuevamente por los ceutíes y responder con decisiones políticas a la ilusión de una población que, cada vez, está teniendo menos esperanzas. Y cuando la esperanza comienza a marchitarse, digamos que estamos en peligro.





