La Ciudad parece atrapada en cierto nerviosismo que le está llevando a realizar anuncios públicos totalmente equivocados. Ese ánimo por la transparencia o esa ‘calle, calle, calle’ creada como lema post-electoral le lleva a difundir promesas basadas en el ridículo. Eso es lo que ha pasado con ese promesa de comenzar a sancionar a aquellos que no cumplan con las ordenanzas, presentándonos a su vez a una Policía Local
que va a hacer un cometido ‘novedoso’ cuando dichas actuaciones forman parte de sus competencias exclusivas. Lo de la multa simbólica durante un mes ya roza el ridículo.
Lo que podría haber sido anecdótico se torna en burlesco cuando se nos anuncia una refuerzo a todos los niveles en esa lucha contra las construcciones ilegales. Si rebuscamos en la hemeroteca podremos leer media docena de titulares similares, con los anuncios de constitución de grupos para combatir esas obras y hasta con uso de los mismos términos para anunciar de cara a la galería lo que se iba a hacer para frenar una práctica ya endémica en la ciudad.
Los asesores del Gobierno van a tener mucho trabajo para reorientar una forma de hacer política con algo más de sustancia. Tenemos barrios enteros que se han ido perdiendo porque las autoridades lo han querido. No han hecho absolutamente nada por frenar unas construcciones que han terminado por cambiar la estructura original del barrio, complicando incluso la labor a los servicios de emergencias. Y en la memoria más o menos reciente tenemos servicios de Bomberos que no han podido llegar a viviendas que se estaban calcinando por culpa de obras ilegales, o viviendas en las que ha habido accidentes mortales porque se terminaron construyendo comiéndose incluso farolas.
Durante mucho tiempo se ha hecho la vista gorda. Y si esto lo hace un padre con su familia formaría parte de un ámbito privado que solo afectaría a la degradación del círculo familiar. Pero cuando pasa con una institución, los problemas son mayores porque las consecuencias terminan sufriéndolas los ciudadanos.
Llama la atención la celeridad con la que han derribado edificios con historia y la nula actuación que tienen para introducirse por calles en las que nacen las obras ilegales como setas. Dicen que hay denuncias... ¿dónde quedan, en un cajón? No puede haber tanta lentitud en unas acciones y demasiada celeridad en otras. Ahora parece que algunos han visto la luz. Tiempo al tiempo.





