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Crónica de una situación anunciada

Por Redacción
08/06/2014 - 09:53

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Arrasados por una crisis que produce la sensación de haberse instalado establemente entre nosotros, huérfanos de un liderazgo político que aporte soluciones eficaces y despierte confianza, creciente divorcio entre ciudadanos y clase política como las encuestas no dejan de señalar,

y después de una triste campaña incapaz de movilizar a los electores para que se posicionen ante un futuro preocupante, el resultado de las pasadas elecciones podía haber sido aún peor. Como en Francia, por ejemplo. De manera que no cabe asombrarse por los resultados. Están en la senda de lo que se venía observando y, sin reacciones de los partidos para reconducirlo, era previsible que la consulta reflejara el desconcierto, el voto de castigo, el pasotismo y la desafección.
No obstante, siendo previsible la situación sobrevenida, la valoración de los efectos que pueden derivarse de ella no es algo fácil de prever. Y esos efectos, como las ondas que se producen en el estanque al impactar un objeto sobre la superficie, se irán extendiendo como círculos concéntricos desde lo local hasta lo internacional, pasando por lo autonómico, lo nacional y lo europeo. Veamos, en una primera aproximación, cómo enfocar el diagnóstico desde el punto de vista local, donde los resultados han vuelto a ser muy diferentes del conjunto nacional.
1º. Los datos relevantes: Lo más destacable, la enorme abstención. Como ya se ha destacado en un reciente trabajo1, la singularidad de las dos ciudades autónomas en el comportamiento electoral es que en todas las elecciones celebradas la participación de los ciudadanos ha sido mucho más baja que la media nacional y, además, también a contracorriente de lo nacional, las elecciones de primer orden, aquellas donde se produce una mayor participación, aquí son las autonómicas y no las de ámbito nacional como en el resto de España. Además, una vez más, como los análisis han demostrado, la abstención se reparte por igual en todos los distritos de la ciudad, de modo que no hay colectivos que contribuyan más o menos a esta peculiaridad. Todos se comportan por igual.
Esta tendencia, que llevaba un ritmo creciente, en esta consulta se ha acentuado aún más. En Ceuta, frente a un 31,6% de participación y un 68,4% de abstención en las elecciones europeas de 2009, en estas de 2014 se ha batido el record logrando un 26,8% de participación y un 73,2% de abstención, lo que en cifras constantes, teniendo en cuenta que el crecimiento del censo electoral entre estos cinco años que separan las dos consultas ha sido de casi 3000 personas más con derecho a voto, ha producido el descenso de los votantes desde 18.055 en aquellas a 15.988 en la actual, lo que implica que la tasa de desafección ha seguido creciendo.
Cifras como las anteriores, relacionadas además con la media nacional, que fue en 2009 de un 44,9% de participación y de un 55,1% de abstención, y en 2014 de un 45,8% y de un 54,2%, respectivamente, implican un diferencial con el resto del voto nacional de un 13,2% en 2009 y de casi un 20% menos en las recientes elecciones.
Mirado desde otra perspectiva, supone que una gran mayoría de la población, más de un 70% del total, no se ha implicado en las elecciones europeas, por lo que los representantes nacionales están deslegitimados para representar a la población ceutí, y tan solo representarán a una escueta minoría de esta. Para mejor valorarlo, podemos aludir a un ejemplo significativo, pues si como ha sucedido en Cataluña, donde es visible una mayor participación de los votantes nacionalistas, se volviese a reiterar la misma participación, la población que habita en esta Comunidad podría encontrarse después de tales elecciones con que a la mayoría le han cambiado de Estado sin quererse enterar.
En cuanto al voto de castigo que implica este comportamiento electoral, hay que mencionar como un indicador bastante significativo el aumento de los votos en blanco: 570 en estas elecciones frente a 187 en las de 2009, a los que habría que añadir gran parte de los nulos, 298 frente a 104 en el 2009, ya que suele existir confusión en saber que dejar el sobre vacío es votar en blanco y tachar papeletas es voto nulo. Estaríamos en total ante un 5,49% del voto, lo que no es poco, si reparamos en que el porcentaje de estos votos hay que detraerlos como votos válidos del 26,8% de participación y sumarlos del lado de la abstención, aunque con la aureola de civismo y ética democrática que lo caracterizan. Es decir los votos a candidaturas tan solo han sido el 21,3%.
Y respecto del sentido del voto, si lo comparamos con las últimas elecciones generales de 2011, habrá que destacar que el PP pierde 14.638 votantes, más del doble de los que ahora le han votado; que el PSOE, siguiendo su particular travesía del desierto, pierde 2907 electores respecto de las generales y 63 con las autonómicas, en las que siempre le votan menos de la mitad que en las generales; que Primavera Europea apenas consigue 1407 de los 4407 que cosechó la coalición Caballas en las autonómicas de 2011 o de los 7216 que obtuvieron por separado UDCE y PSPC en 2007. Tan solo UPyD recoge 739 votos más que en las europeas de 2009.
2º. Los efectos políticos: En primer lugar, la desafección y la deslegitimación del sistema. Un 26,8% de participación y un 21,3% de votos a candidaturas significa que el gran vencedor de las elecciones ha sido la abstención. Un 73,2% del electorado opta por no elegir. Mas de los dos tercios de la población ceutí no está representada en el Parlamento Europeo, o no le importa lo que allí se decida o pasa de nuestra vinculación a la Unión. Todo lo que allí se decida no va con ellos. ¿Cómo pensarán que se va a negociar nuestro cambio de estatus en Europa? ¿Cómo articularán sus intereses, tan vinculados a esas instancias, y demandarán que se les de satisfacción a sus demandas? ¿Piensan en que lo hagan otros? ¿O que se nos otorgue graciosamente? Ellos sabrán. Al fin y al cabo ser ciudadano de una democracia supone la mayoría política de edad. Sabrán que los llamados ciudadanos somos una minoría en este mundo tan desigual y que la democracia no es un gracioso reconocimiento, sino una conquista de una parte de la humanidad, que está obligada a proteger su condición, a defender sus derechos, para no volver a ser vasallos o siervos de algún tirano o de una dictadura brutal. En este breve espacio solo voy a recordar unas frases de Giovanni Sartori: La democracia es una gran generosidad, porque para la gestión y la creación de la buena ciudad confía en sus ciudadanos. Sin embargo, tenemos que distinguir entre la máquina y los maquinistas. Los maquinistas son ciudadanos, y no son nada del otro mundo. Pero la máquina es buena. En sí misma es la mejor máquina que se ha inventado nunca y construirla nos ha llevado casi dos mil años. Intentemos no perderla.  
Pero no cabe cargar con toda la culpa a los ciudadanos. Porque lo que ahora más preocupan son los maquinistas. Y aquí las dificultades no son las mismas que se generan en el resto de la Península. Si esta ciudad, con su actual tamaño, estuviera en medio del territorio peninsular, seguramente las circunstancias y los efectos no serían semejantes a los que tenemos que afrontar por la especial situación geográfica y su historicidad. La misma distribución de competencias entre los distintos poderes, provoca aquí que las decisiones sobre los principales problemas que nos afectan estén a disposición de las autoridades del Estado o de la Unión Europea, y sin embargo, se da la paradoja de que las elecciones a esas instancias son las que aquí menos importan.
Pero, al hablar de los efectos, hemos de distinguir males generales, que se comparten con el resto de España, y males provenientes de nuestra especificidad.
Las transformaciones del estilo y de la forma como los políticos hacen hoy en día la política han impregnado la manera de ser y de organizarse de la mayoría de los partidos políticos europeos, convertidos ahora en yacimientos esenciales para acceder a cargos públicos y profesionalizarse y perdurar en la política. Como consecuencia de esas transformaciones, se han perdido la transparencia, los debates, el abierto reclutamiento por sus méritos de los políticos, y se ha acentuado el distanciamiento entre los profesionales de la política y los ciudadanos, el clientelismo, la mediocridad, la sensación de bloqueo y las puertas cerradas a la participación y a la colaboración. La competitividad ha transformado la vida de las organizaciones. Y como la política está formada por ideas y por acciones, en la actualidad la complejidad nos obliga a un conocimiento exhaustivo de la realidad y a confrontar las ideas y agregar posiciones. Pero en vez de ello nos encontramos con la falta de debates y de acuerdos, de puntos de contacto, y todo ello sepultado por el contagioso y crispante “y ellos más”. Y el ciudadano se ha cabreado.
    En cuanto a nuestra especificidad, algo distorsiona la forma de articular nuestros intereses, de defender la solución de nuestros problemas allá donde se necesite, de explicar en uno y otro lado lo que se debería hacer y no se hace, o el por qué de las dificultades o de que las cosas no prosperen. Y por otra parte, el ciudadano parece aquejado por la sensación de estar abandonado, de que no cuenta para esas instancias. Y no es suficiente traer en procesión, de vez en cuando, a un santo para que desfile por los medios y nos rebaje la alucinación de sentirnos desamparados.
De eso va la desafección y por eso son alarmantes las cifras de participación. El grado de abstención es un indicador contundente y cuando adquiere estas proporciones enciende una señal de alarma para advertirnos que podemos estar en el umbral de una crisis de legitimidad.

__________________________
1.-Elecciones y partidos políticos en Ceuta y Melilla (1977-2012). IEC, UNED de Melilla y Consejería de Cultura de Melilla, 2014.

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