En Ceuta, el Derecho queda en el Estrecho”. Lamentable y penosa frase que se ha venido oyendo para mi pesar durante demasiado tiempo. He peleado a lo largo de mi vida política dedicada al Legislativo para que nuestra ciudad no sólo no quede relegada a un segundo plano en el contexto nacional, sino quede contemplada en cada uno de los reglamentos o desarrollos legislativos en que se viera vinculado su mejora y futuro. No enumeraré aquí las cuantiosas aportaciones realizadas en no menos cuantiosas modificaciones o propuestas realizadas en casi dos décadas, ni si quiera mencionaré mi responsabilidad y participación en el texto que sostiene el actual autogobierno de la hoy Ciudad Autónoma. Todo aquello correspondió a la etapa en el Congreso de los Diputados en la que siempre mantuve la máxima de ser el parlamentario de todos los ceutíes oyendo a todos los que, de un color político u otro, o de una condición u otra me honraron por confiar en mi capacidad de gestión para trasladar sus preocupaciones hasta la capital de España.
Hoy, después de dos años al frente de la Delegación del Gobierno, con un primer periodo ya pasado en el que hubo análisis, estudio y mucha dedicación para hallar el origen de los problemas que sacuden a diario el bienestar de los ciudadanos, y siguiendo fielmente el juramento y compromiso adquirido con Ceuta cuando tomé posesión del cargo el pasado 2 de enero de 2012, nos encontramos en la fase de la acción en defensa de la legalidad vigente.
Entiendo que personas, como Juan Luis Aróstegui –al que podría calificar de otro modo pero no me encontrarán en su habitual juego del insulto– que históricamente navegan de un lado a otro buscando con verdadero ahínco el éxito político que le ha sido esquivo, sean capaces de aceptar que la Ley y su cumplimiento sea estricta con unos y menos con otros, precisamente entre los que cree se encuentra el caladero de votos en el que trata de pescar.
Querer ser voz siendo colíder de una formación política con marcado sesgo; voz siendo presidente de la Junta de Portavoz Docente; voz siendo secretario general de un sindicato y todo ello compartiendo sus labores como director de un instituto de FP, provoca evidentes incongruencias en el discurso de la persona. Salvo que como la Santísima Trinidad tenga capacidades sobrenaturales y defender en función de la piel desde la que se proyecte, las teorías propias de cada una de las organizaciones por las que habla sin importarle que el discurso de una no sea en ocasiones compatible con otra. Por lo que bajo un mismo nombre, una firma, una misma persona es posible oír y leer la defensa de algo pero también todo lo contrario. El refranero español, sabio donde los haya, dice que “quien mucho abarca poco aprieta”.
Este delegado, humano con sus errores y aciertos, no será capaz nunca de creerse un Dios romano mitológico dotado de la verdad absoluta con los atributos de Justicia, Derecho y Autoridad de las Leyes, como gusta de mostrarse públicamente el señor Aróstegui revestido de implacable Júpiter, en su ensoñación de poder.
Este pasado jueves, el autor de los dardos ha criticado que se compruebe la existencia de alumnos marroquíes inscritos en colegios ceutíes mediante el uso de un empadronamiento fraudulento, o de quienes empadronados en Ceuta residen realmente fuera de España.
Pues bien, Juan Luis Aróstegui, que se autoerigió en interlocutor de los padres de alumnos del Colegio de Educación Infantil y Primaria ‘Príncipe Felipe’, afectados gravemente por el trasiego de porteadores, no quiso escuchar todas sus exigencias. Sólo se quedó con la que momentáneamente le interesaba. Pero no quiso oír el que esos padres denunciaban la numerosa presencia de niños marroquíes que iban y venían cada día desde Marruecos, provocando un serio problema al conjunto de los escolares del Centro por causa del idioma. Y esa exigencia-denuncia la realizaban padres y madres musulmanes en esta misma sede de la Delegación del Gobierno, y ante el propio Aróstegui. Pero eso no les quiso oír, no le interesaba ese tema concreto. No sé qué pensarán sobre este particularmente comportamiento los profesores afectados, a los que también representa este señor desde el sindicato y desde la Junta de Personal Docente, sobre el problema que ello provoca entre este sector, o lo que condiciona cada año este hecho la tan exigida ratio.
Lo que para él fue una denuncia no válida para sus intereses, el que se hubiera realizado en los despachos de la Delegación del Gobierno motivó evidentemente el trabajo de averiguación para detectar el nicho de fraude denunciado. Posiblemente, acostumbrado a que años anteriores desde esta casa se haya mirado de perfil por no afrontar con crudeza los problemas, Aróstegui ha errado al pensar que íbamos a actuar de manera similar… jamás.
La hipócrita visión de la sociedad la tiene quien desde su parcela sesgada trata de imponer su modelo exclusivo.
Aun cuando desde las instituciones, los responsables de gobierno, escuchen y acepten planteamientos por respeto a la minoría que representa –ese respeto que él no tiene con la mayoría que gobierna–, tiene que acostumbrarse a que la Democracia, a través de las urnas, determina quién gobierna. Y quien tiene la legitimación de Gobierno es quien ostenta la mayoría y no los que representan a la minoría.
El pasado 2 de enero de 2012 juré por mi conciencia y honor –aunque para algunos eso ni existe ni existirá– cumplir fielmente las obligaciones del cargo de delegado del Gobierno, con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado. Este fue mi juramento en la toma de posesión, en la que dije además que contaría con todos y escucharía a todos, con sus ideas y propuestas. Insisto en que esta Delegación de Gobierno tiene las puertas abiertas a todos los ciudadanos, a todos los colectivos, a todas las organizaciones sociales que vengan dispuestas a exigir, pedir, solicitar, criticar, pero siempre y por encima de todo dentro del marco Constitucional que nos hemos impuesto los españoles como sociedad.





