Podrá algún día el ingenio que es la amistad apropiarse del corazón de los hombres? A un paso de descubrir la Física la partícula de Dios, la política se muestra incapaz de ordenar las relaciones interpersonales. Prima una suerte de marrullería insolente, más propia del imberbe que del maduro y consciente. Nos hemos vuelto unos completos desconocidos; desconfiamos en el trabajo, desconfiamos de la lealtad del vecino, y ya, ni en el seno familiar, puede uno mostrarse como es: un ser capaz de ofrecer sin nada a cambio.
Sólo en el anonimato, ante la pantalla del televisor, alcanzamos la felicidad, encontramos la perdida identidad. Cualquiera de las estrellas televisivas guarda más semejanzas con nosotros que un hermano o que un sobrino olvidado.
Frente a la desmesura de la tecnología, podríamos adueñarnos de los beneficios y llevar a cabo la utopía de Mc Luhan: la Aldea Global. Donde todos tenemos un nombre, una historia, unos sueños, y unas potencias. Un mundo regido por la cercanía y la amistad. La cercanía es un bálsamo de efecto rápido y fácil, pero, ¿qué es lo que nos acerca? Sin duda alguna, la necesidad. Sin duda, los obstáculos del camino, la dificultad (ver la respuesta humanitaria en caso de desastre natural; se nos achinan los ojos y lloramos por el dolor ajeno).
No debe ser malo mirarse a los ojos, y reconocernos en ellos, y abrazar nuestros espíritus en la causa de la cercana amistad. Debemos estudiar e incidir en aquello que nos iguala, en la seguridad del acierto. Dicho de otro modo: “ya que todos vamos con los pies descalzos, pisemos caminos de polvo fino”.
Y en el final, una sociedad dinámica y eficiente, por donde fluyan los intereses y las amistades por igual, sin demora, lejos de luchas intestinas e intrigas que enrarecen el ambiente y provocan el colapso. Nadie está libre de tener que recurrir a la Administración de Justicia para defender alguna causa, pero este enfrentamiento sistémico de los unos contra los otros, esta pillería, esta picaresca, hacen que la “cosa” no funcione cuando se la necesita. Gastamos casi todas nuestras fuerzas en mantener el orden inicial, previo a una opción de desarrollo. Quiero decir, sin dudar, que la sociedad de la amistad precede a la Justicia, y que en un mundo dominado por este sentimiento las situaciones de normalidad prevalecerían sobre las incontinencias de los instintos más dispersos.
El error está en el hombre desde su nacimiento, por eso es buena la amistad; para cubrirnos los unos a los otros. Aquello de “hoy por ti, mañana por mi” tiene total vigencia. El contrario es el egoísmo. Y egoísmo tras egoísmo estamos como estamos.





