Les confieso que al leer la noticia, pensé de inmediato en mis primas de Torremolinos, vaticanistas desde que nacieron, y que, llegada la Navidad, tras montar el nacimiento, todos los días, en especial Pepa, regaba los granos de alpistes que había esparcido alrededor de una huerta (tomaba como modelo la de Rufino); limpiaba de briznas aquel caudaloso río de papel de plata; y cambiaba el forraje para que la mula y el buey no pasaran hambre. Pero, ahora viene Benedicto XVI y dice que en ninguno de los evangelios se mencionan a esta pareja de animalitos, tampoco se nombran a Joaquín y Ana como padres de María.. Por lo visto es un añadido iconográfico que, en honor a la verdad de lo que sucedió, deberían eliminarse.
Y me pregunto : ¿sólo el buey y la mula es invención?. Son tantas las inexactitudes en los libros sagrados que, o dejan las cosas como están, o tendremos que entrar con el bisturí en el universo de las tinieblas (la razón), del que ni siquiera sabría salir el Santo Padre de Roma. Por cierto, en lo que respecta a que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de una mujer que se mantuvo virgen, aún después de parir, la respuesta del infalible Benedicto ha sido contundente: “Sí, y sin reservas. En esto, ni palabra, como en la Resurrección de Cristo”. Es decir, la obligación es acatarlo y sin rechistar.
Lo de mezclar realidad e invención ha sido la dialéctica de la iglesia católica durante siglos. Más los tiempos de las barbacoas en las plazas públicas, asando herejes, quedan algo lejos, pese a que algunos bien quisieran hoy regresar a esas fiestas. En prevención, bien le vale al Pontífice y a su Curia hacer ganchillo para paños de altar y dejarse de desarmar algunas tradiciones que, aunque infantiles, reconocemos que son muy atractivas. Así, pues, quien desee aproximarse (sólo aproximarse) a aquella historia que sucedió hace dos milenios en Belén, les recomiendo leer el evangelio contado por Saramago o participar de los interrogantes que plantea el teólogo Juan Arias (los sanedrines de la Conferencia Episcopal Española le llaman “hereje”) con relación a la infancia y juventud de Cristo. Arias deja bien claro que Jesús nació, vivió y murió como un hombre, y no como un espíritu, algo así como una especie de Dios disfrazado de humano.
Tanto se ha insistido en la divinidad de Jesús, que nos han hecho olvidar que fue, también, un hombre completo. No un asexuado, como esos hermosos ángeles y arcángeles de factura ambigua, que las catequistas los ponen a volar como si fueran estorninos. Jesús no fue un ángel. Tuvo instintos. Padeció momentos de ira, cuando a latigazos expulsó a los mercaderes. Hoy lo haría con Bankia y otras hermandades del mismo cuño; llegó hasta insultar, llamando “ zorra” al mismo Herodes. No le hacía ascos a la comida ni a la bebida, participando, sin duda, de las botellonas de entonces, como cualquier joven de su tiempo y de cualquier tiempo...; y dejó que las prostitutas le lavaran sus pies con perfumes caros. Es curioso, pero la Iglesia admitiendo todo esto, no da su brazo a torcer en cuanto a su sexualidad y a la posibilidad de que no se mantuviese célibe, creara una familia y hasta que tuviese hijos, como hacían los hombres judíos de aquellos años. Pero esto es un berenjenal en el que no entro, porque, aparte de interesarme sólo un mínimo, tampoco es que me produzca insomnio.
Y ahora el octogenario Ratzinger, como, por lo visto, no hay problemas en el mundo donde la Iglesia y él mismo debiera de una vez hablar claro y MOJARSE, sale con lo del buey y la mula, los más simpáticos de toda esta puesta en escena. ...y los manda al INEM.. ¿Qué harán los belenistas en adelante?; los que los crean y los que los venden. Cuando se lo conté a un amigo, que tiene un puesto de figuritas en las tiendecillas alrededor de la catedral sevillana, me argumentó que él, ni cuenta de lo que dice Roma. Es más, piensa montar un portal con José, María, el Niño y dos docenas de bueyes y mulas. “Vá parecé la finca de los Guardiolas”.





