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Leyendas urbanas

Por Redacción
01/10/2011 - 07:39

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Deseo aclarar  que el título de este artículo no es ni mucho menos de mi propiedad, pues por principio, tengo un gran respeto sobre lo que pueda decir u opinar un determinado grupo social en una determinada etapa de la historia local, que al vivir en democracia, pide limpieza, ética y moral a los políticos que nos representan, para eso los pagamos entre todos, para que administren correctamente y con justicia los fondos públicos y no se aprovechen de sus cargos momentáneos para enfangar a la vida pública de la ciudad, haciendo de ella una auténtica república bananera, donde campea la falta de limpieza y la corrupción, aunque en ciudades pequeñas como Ceuta, la sociedad no esté aún acostumbrada a hablar alto y claro de lo que le ocurre en su entorno, por cierto temor a ser considerados en sus opiniones como eso que dice el señor Márquez, “leyendas urbanas”, con esta actitud demuestra, a mi parecer, una forma de querer “cargarse al mensajero” que lanza la noticia al aire. Y esto se sabe porque algunos afectados lo dicen en petit comité  y los políticos no hacen nada por corregir el daño, pero existir, existe y el señor Márquez lo sabe muy bien.  
Pasarán a la posteridad estos hechos sociológicos como una consecuencia de lo mal que se llevaron algunos asuntos, pues nada queda oculto, todo lo que se hace en silencio, sale en cualquier momento a la luz, echemos si no un vistazo a los Medios de Comunicación para saber de las corruptelas en política; no hay nada trascendental que no produzca resultados negativos o positivos, dependiendo de que actuemos con  corrección o no. Por supuesto, ya anticipo que como educadora, es nefasto para los jóvenes creerse inmersos en una sociedad que no vela por sus derechos de forma igualitaria, y el resultado puede acarrear impredecibles consecuencias. Recuerdo en mi etapa juvenil en la época franquista, que ya es decir, no haber vivido tamañas injusticias. Entonces, te presentabas a las oposiciones y sabías que iba a ganar el mejor. Pero hoy, en medio de la precaria situación laboral, lo que predomina es el boca a boca, si  este/a es hijo de don fulano, o familiar, o amigo íntimo, pasa para adentro.   
No es que  yo quiera sacarle punta a sus comentarios, es que son tan dañinos, denotan tal desprecio al pulsímetro social en este apartado, que molestan y hacen mucho daño a aquellos que nos atrevemos de vez en cuando a comentar lo que se habla en la calle, siendo semejantes a “Juan el Bautista”, de quien todos deberíamos tomar ejemplo sobre justicia social, a riesgo de  “ser encarcelados y que se nos corten las cabezas” por ello. Me explicaré con mayor claridad. Y no hace falta, como le dice el señor Márquez al señor Alí, ir a los juzgados, pues a buen entendedor pocas palabras bastan, ya que si la sociedad se queja de cualquier asunto mal llevado por los políticos locales, hay que tomar nota de ello, prestar más atención y llevar buena cuenta de que no se produzcan informaciones privilegiadas para entrar incorrectamente en negociados en los que existen muchos aspirantes bien cualificados  para ese cometido, aunque no se pertenezca al partido que nos gobierna en ese momento. Pero, ¿cómo  se van a demostrar estas colocaciones irregulares, es imposible. Es que al opositor al que le dieron el examen de antemano, va a denunciar el hecho, o sus familiares, o el consejero que lo enchufó? ¡Qué clase de necedad se está diciendo!
En concreto, el señor Márquez no debería mostrar ese desprecio tan grande que demuestra hacia nuestra sociedad ceutí, la que le paga  con tan altos honorarios, pues debería recordar que él mismo, cuando pertenecía a las siglas del GIL, también se benefició de una entrada al PP, por la puerta de atrás, dejando a su barco que se hundía, en lugar de quedarse y sufrir con ellos la misma suerte, y pasándose a las filas de su hasta ese momento enemigo político.
De esa época son los exámenes que presencié en la Asamblea, siendo presidente del Tribunal de aquellas oposiciones el señor Sampietro, con quien el señor Márquez vino de la mano a Ceuta, para aprovecharse más tarde de los votos del señor Vivas y disfrutar de lo que hoy disfruta. En aquella circunstancia, el joven, que venía de Madrid con una preparación exhaustiva, al que yo acompañaba a dichas oposiciones, sacó un cero en las pruebas y la persona que se oía ya en los tendidos como mejor candidata, fue la que salió elegida. Aquel joven quedó hundido, pero pudo al fin remontar  su depresión  y llegar a la ciudad, gracias a que aprobó otras oposiciones a nivel estatal, donde la competencia es mayor. Ya, cuando el señor Márquez se había pasado a las filas del partido que había sido su oponente político, el PP, también tuve la ocasión de ver cómo otro joven se desmoralizaba  en unas oposiciones de informático para la Asamblea. Sufrió tantos rechazos antes de empezar el proceso de exámenes, se oía tan claro quiénes iban a ser los ganadores, que a pesar de pertenecer a la Junta Castilla la Mancha en la plantilla de informática y poseer una magnífica preparación, se debilitó moralmente y desistió. Por suerte para él, aprobó otras oposiciones de ámbito estatal, que como bien sabe el señor Márquez, suelen ser traumáticas, por la preparación que se necesita para conseguirlo.        
Ayer, veinte de septiembre, leía en El Faro un artículo de Carmen Echarri, referente a Caballas y el señor Márquez, un enfrentamiento en el que se destacaba la frase:”seamos rigurosos y no  voceros de leyendas urbanas”, lo que me llamó la atención por la vulgaridad expresiva de alguien que ostenta un puesto tan destacado a nivel político ¿Qué pretende este señor?, ¿darnos ejemplo de honestidad y corrección? No sé hasta donde vamos a tener que aguantar la desfachatez y el tono despreciativo, la altivez, la falta de estilo, la baja dialéctica, que se supone en un político en el que se refleja la sociedad, y con altura de miras impredecibles. Desde ahora me propongo una y mil veces contar cuantos chanchullos y enchufismos sepa que se producen en la clase política, porque a mí sí que “me duele mi ciudad”, (es frase de Unamuno).

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