‘La Dama Dormida’, la idea que desde hace más de un año se viene forjando en la mente de la directora de la Escuela de Danza ‘Weil’, Mayte Rivas, se hizo ayer realidad sobre el escenario del Teatro Auditorio del Revellín. Es un proyecto que representa a la emblemática montaña de la Mujer Muerta que se mece a los país del Atlántico y que un grupo de más de 60 bailarinas escenificó ante un numeroso público que acudió a este Festival de Danza. Con motivo de su XXV aniversario, la academia organizó este evento cuya recaudación se ha destinado a Cáritas Diocesanas de Ceuta. “Hace mucho tiempo que tenía ganas de llevarlo a cabo y, este año, con la incorporación de mi hija hemos podido hilvanar mejor la historia”, asevera.
Las jóvenes artistas se convirtieron en el sueño de la dama ofreciendo diferentes estilos. “Ella sueña en danza moderna, africana, baile algo más sexy, durante las distintas edades de su vida y como va evolucionando, hasta culminar en una dama dormida, que representa a la ciudad. Pero la mayoría es danza moderna contemporánea y flamenco”.
Con tan sólo 2 años de edad, la más pequeña de las alumnas demostraba todo su arte antes de salir al escenario de un teatro que mostraba un lleno absoluto. Entre bambalinas, las mayores se encargaban de ayudar al resto de sus compañeras. Desde horas antes del inicio del espectáculo, a las nueve de la noche, los camerinos se convirtieron en un ir y venir de chicas y chicos pendientes de trajes, maquillajes y peinados para que todo estuviera a punto en el momento del inicio del festival.
Rivas reconoce que el montaje del espectáculo no ha sido fácil y que fueron necesarias “echar muchas horas porque hay que buscar muchos tipos de música, hacer arreglos musicales y montajes. Es mucho trabajo, pero se ha podido terminar”.
Tan sólo treinta minutos antes del inicio del festival, las alumnas más pequeñas lucían sus trajes para exhibir la danza oriental que han practicado durante meses. Otras, mostraban sus vestimentas de flamenco, mientras que algunas con toques orientales también ensayaban antes de salir a escena.
A las 21.00 horas se abría el telón y las jóvenes artistas eran recibidas por el numeroso público, que agradecía el buen hacer y la profesionalidad de las alumnas que llevaron al Revellín diferentes estilos en homenaje a lo que ya es todo un emblema de nuestra ciudad.











