Los finales siempre son tristes a la vez que emocionantes. Son esas situaciones de subida de adrenalina en las que quieres saborear al máximo el momento que tan pronto expirará. Los centros educativos son conscientes de ello, el curso académico ha sido intenso y la meta está a la vuelta de la esquina, los exámenes ya están hechos y por ello llega el momento de festejarlo a la vez que despedirse.
El Lope de Vega es uno de los centros que se suma a este grupo, es por ello que el centro ha organizado en las dos últimas semanas previas a las vacaciones de verano gran cantidad de actividades de ocio, musicales, científicas y por supuesto los actos que cierran los diferentes ciclos, las graduaciones.
Es el gran momento que parte del alumnado espera expectante. El martes fue el turno para el primero de los cursos del último año de Infantil. Y ayer el de los dos restantes, en total cincuenta y seis niños dejaron una gran etapa de sus vidas. Hasta el momento se han sentido acogidos, protegidos y queridos y ahora se enfrentan a una etapa desconocida, con muchas ganas pero a la vez con muchas incógnitas.
Durante los últimos días del curso había muchos nervios, todo tenía que salir perfecto, llegaba el gran día, ése que llevaban tiempo preparando y esperaban con gran ilusión para demostrar a sus padres lo mayores que se habían hecho.
Y llegado el gran día, la ilusión invadía sus caras y las de sus padres, que disfrutaron de las actuaciones, los discursos y cómo sus hijos desfilaban para que les fuese impuesta la banda de graduado. Un emocionante clima que quedaba reflejado en los actos de cariño que alumnos y docentes repartían.






