Durante su última etapa como consejero de Medio Ambiente, Gregorio García Castañeda, sufrió una campaña de acoso y derribo.
Una campaña de acoso y derribo, donde parte de la misma venía desde el interior de su propio partido político. Curtido en mil batallas, nunca perdió la sonrisa ni la tranquilidad, sabedor que al final siempre el agua vuelve a su cauce. Incluso, no tuvo ningún reparo en dar un paso atrás y abandonar la primera línea política. Ya vendrían tiempos mejores, aunque lo mismo, a esta alturas, ni le interesan ya. Prefirió esperar a que la Justicia le diera la razón. A Gregorio García Castañeda no solamente se le hizo daño desde el punto de vista político, sino también desde el punto de vista personal, y ahí sí sufrió, porque la familia, para quien durante muchos años ha sido uno de los colaboradores más leales del presidente Vivas, es su punto débil. Ahora, el juez ha decidido archivar la denuncia que le presentaron por un presunto delito de prevaricación administrativa. Nunca se ha escondido, nunca se ha tenido que avergonzar de nada, nunca ha agachado la cabeza, pero ahora sabe que ha ganado, que no había cometido ningún delito, ni había beneficiado a nadie de su familia, como lo decía por activa y por pasiva a quien le quisiera escuchar durante aquellos días en que comenzaba la travesía por el desierto. Conociendo a García Castañeda, está muy claro que no se va a quedar con los brazos cruzados. Sabe esperar el tiempo que haga falta y, en esta ocasión, no será una excepción. Muy pronto, a buen seguro, que le veremos dar esos pasos en el seno de la Justicia. Al igual que ha confiado durante todo este tiempo seguirá confiando en la misma para que respondan otros.





