Fatima Hamed, diputada de MDyC, ofreció el jueves su versión de los hechos. Y ayer el consejero de Fomento, Nestor García, contó lo sucedido desde su perspectiva.
Los lectores de El Faro disponen así de las dos versiones del altercado o incidente verbal que protagonizaron ambos durante la última reunión de la Comisión Local de la Vivienda. Ahora, se plantea la cuestión de si realmente éste es un hecho de interés en una ciudad como la nuestra, donde es evidente que hay asuntos muchos más preocupantes relacionados con el día a día de sus habitantes. Desde el punto de vista informativo, el intercambio verbal entre el consejero de Fomento y la diputada de MDyC puede servir a los ciudadanos para hacerse una idea de cómo es la relación entre algunos responsables del equipo de Gobierno y determinados miembros de la oposición. A efectos prácticos, las acusaciones, reproches, insinuaciones y falta de respeto que cada una de las partes interpreta que tuvieron lugar en un momento concreto de esa reunión sirven de bien poco.
Si no podemos exigir a nuestros representantes políticos que resuelvan todos los problemas, al menos si debemos pedirles que lo intenten, pero con el ánimo de unir esfuerzos para tratar de conseguirlo. Es difícil imaginar que exista un solo votante que apoye en las urnas a una u otra opción con la única aspiración de que quienes resulten elegidos se dediquen a crisparse mutuamente los ánimos, a sacar de quicio a su contrincante. Además de saber mantener los nervios y la compostura en todo momento, quienes nos representan a los ceutíes no deberían perder en ningún momento la perspectiva, con independencia de si los votos les han colocado al frente de una consejería o en un sillón de la oposición. La presencia de Nestor García y Fatima Hamed en la Comisión Local de la Vivienda el pasado jueves tenía como único objetivo contribuir a solucionar el grave problema de vivienda que existe en Ceuta. Los ciudadanos esperábamos la aportación de ambos, uno desde el Gobierno y otra desde su labor de control. Porque lo otro, cómo es la relación personal o cuál el nivel de afinidad política entre ambos, importa poco a los ciudadanos que llevan años esperando contar con una vivienda. En realidad, no les importa absolutamente nada.





