La pequeña Najma pasaba ayer de brazo en brazo. Todos querían despedirse de quien, con su sonrisa, borraba los malos momentos de quienes se sienten bloqueados en Ceuta, una ciudad que sirve de contención, de particular ‘guardiana’ para la península; una ciudad en donde las especificidades terminan amoldando las leyes según intereses, en donde lo ilegal se transforma en ‘legal’ justificándose en el manido efecto llamada. Hay todo un sistema montado para que al final Ceuta y Melilla constituyan los limbos de la inmigración, ciudades en las que puede pasar de todo porque todo se permite, aunque luego tengamos a un pintoresco ministro de Interior capaz de negar las devoluciones en caliente, hablar de detenidos o de pedir colaboración a la Policía Local para controlar la inmigración. (Zoido promete superar lo del ángel aparcacoches de su predecesor, tiempo al tiempo).
Najma cruzó ayer el puesto policial de embarque junto a su padre y su madre, que empujaba un carro cargado de maletas. Atrás dejan dos años en el CETI, dos años sin poder abandonar el centro mientras otros inmigrantes lo hacían llevando solo meses en la ciudad. Sokaina estaba feliz, no paraba de sonreir a la cámara, ya nada le importaba, ni siquiera lo que hablaron de su persona sin preguntarle. Marchó feliz, arropada por decenas de argelinos que no paraban de llorar la marcha de su compañero, que querían abrazar a la pequeña Najma, que querían demostrarle su cariño después de tantos años conviviendo atrapados entre módulos y directrices mientras las voces que todo lo saben, las voces que todo lo generalizan dicen eso de ‘no les falta de nada’. Tampoco a los presos les falta de nada, ¿pero usted querría estar en una cárcel? Opinar de lo que no se sabe es tan atrevido...
La familia Ben Hebba deja el CETI y se marcha con buenas palabras hacia sus trabajadores, hacia todos los que han estado con ellos en los buenos y malos momentos, intentando asimilar una historia que no tenía sentido, que carecía de lógica. Porque ilógico es tener a personas años sin poder salir, sin justificar su situación, sin que haya una resolución rápida a su situación. No hay quien lo entienda, ni ellos mismos lo hacen, se juega con los sentimientos de personas y se provoca situaciones como la de Najma, una niña que con dos años solo conocía el CETI. Gracias a mi compañero Juanjo Oliva supimos su historia. Hoy Najma será una niña como las demás.





