El terror sembró anoche la muerte en la capital francesa. Al cierre de esta edición, al menos sesenta personas han perdido la vida en distintos ataques terroristas, perfectamente planificados, que convirtieron París en una ciudad fantasma con miles de miembros de las Fuerzas de Seguridad y el Ejército patrullando las calles.
Explosiones cerca del estadio donde se celebraba el encuentro entre Francia y Alemania, disparos indiscriminados contra decenas de personas que llenaban las terrazas de determinados bares y restaurantes y la toma de rehenes en una sala de fiestas.
Francia es el país que más está padeciendo el terrorismo yihadista, justo ahora que se cumplen diez meses del atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo. La participación de Francia en la coalición internacional que combate al Estado islámico en Siria e Irak ha convertido la capital francesa en la diana preferida por los terrorista islámicos durante este año que está a punto de terminar.
Sin embargo, este terrorismo, que tan bien conocemos los españoles, porque no podemos olvidar el atentado del 11-M de Madrid en el año 2004, busca no solamente sembrar el pánico entre la ciudadanía, sino que es un ataque en toda regla contra un modo de vida, el occidental, que durante tantos siglos ha promovido el progreso y la libertad en la vieja Europa.
No ha sido un ataque contra Francia, es un ataque contra todos los países que creen en la libertad, en la igualdad y en el progreso, porque esos son los valores que pretenden destruir estos terroristas yihadistas que, ni respetan la vida humana, ni entienden en realidad los valores del Islam.
La solidaridad hoy debe ser el primer mandamiento para todos los que nos sentimos defensores de la libertad y de la demoracia. La unidad de todos los países libres es fundamental para vencer al terrorismo yihadista. Hoy, todos somos París.





