La Ciudad ha concedido a Rachida Mohamed la Medalla a la lucha contra la violencia machista por su ejemplo de coraje y valentía para salir del maltrato como están haciendo y lo harán muchas otras víctimas.
A la salida del colegio, Rachida Mohamed fue a recoger a su hija que había participado en una fiesta escolar vestida de pastora. Allí estaba él. Se sintió sorprendida no solamente porque fuera la primera vez que el padre de su hija acudiera al colegio sino porque la noche anterior había destrozado el disfraz de su hija. “Llegó, me dio dos besos, a la niña también, pero cuando llegamos a casa y cerró la puerta su cara cambió. No recuerdo nada más”. La paliza que le propinó la llevó directamente al hospital, inconsciente.
Fue la gota que colmó el vaso de unos maltratos que comenzaron cuando se quedó embarazada por primera vez, aunque no serían los últimos. Hoy, con 32 años, Rachida ha reconstruido su vida ladrillo a ladrillo, paso a paso, respaldada, apoyada y ayudada no solamente por su familia, sino también por los servicios sociales, la Cruz Roja... Su camino de superación, coraje y valentía es el camino que hoy día comparten muchas víctimas y que son y deben ser un ejemplo para aquéllas que aún hoy viven bajo el yugo de su agresor.
El pasado miércoles recibió una llamada. Había sido propuesta para la concesión de la Medalla al reconocimiento de la lucha contra la violencia machista. Reconoce que al principio no se lo podía creer, pero en esta entrevista con El Faro asegura estar muy feliz con la noticia, pues piensa que su historia puede ayudar a otras mujeres que hayan pasado o estén pasando por lo mismo.
Rachida ahora tiene confianza y seguridad en sí misma. “Mi ex marido me decía que era como una cortina que sólo él podía mover. No tenía voz. Si íbamos a cualquier sitio era él el que hablaba siempre. Perdí la voz. Me miraba en el espejo y de verdad veía una cortina”, asegura y confiesa que tiene fama de charlatana. Durante la entrevista Rachida no pierde la sonrisa en ningún momento y a pesar de la dureza de la etapa de su vida que tuvo que compartir con un maltratador, no derrama ni una lágrima. “Soy una mujer fuerte y muy activa. Ahora sé lo que es el amor, ser feliz y llevar una vida normal”, afirma.
A pesar de que ha dado carpetazo a 15 años de su vida, las secuelas de las palizas que su ex marido le propinaba, además de los insultos y las vejaciones, son las que más le preocupan ahora. Su maltratador le ha dejado discapacitada de por vida. El próximo mes de noviembre tendrá que someterse a otra intervención, pero ya no tiene miedo.
Las primeras palizas
Reconoce que a pesar de su juventud, se casó por amor. Entonces tenía 14 años y se fue a vivir con su marido, 16 años mayor que ella, a Marruecos. Se quedó embarazada y comenzaron los insultos, las palizas. Cuando su marido le dejaba o a escondidas venía a Ceuta a ver a su familia. “Me veían con golpes, pero yo siempre les decía que me había caído... Yo siempre le defendía”. Era el miedo a que nadie le creyera, a las represalias... miedo a todo. No tenía amigos, no salía de casa... “No podía ver a nadie, ni siquiera a mi hermana y mi hermano y mi padre no podían besarme porque yo era una cortina que él solo podía tocar”, explica.
Se miraba en el espejo y llegó a verse a sí misma como una cortina. Dejó de vestir como ella quería, con los colores que le gustaban. “Me decía que el color rosa me hacía parecer tonta y que todo el mundo se iba a reír de mí”, añade. Llegó a creer todo lo que su ex marido le decía y asumirlo como tal, aunque la consumiera. Hasta que ya no pudo aguantar más.
Quiso separarse y al año, él volvió prometiéndole todo. Fue así durante un tiempo, hasta que se quedó embarazada de su segundo hijo.
Hay salida
Meses después, tras salir del hospital, Rachida decidió divorciarse e iniciar una nueva vida. Salir adelante por sus hijos. Buscar un trabajo. “He trabajado de muchas cosas, en cocina, en limpieza, de conserje...” El trabajo que fuera para poder llevar a casa un sueldo, como siempre había hecho, pero ahora el dinero lo administra ella.
¿Cómo superar el miedo y alejarse del maltratador? “Me dijeron que me mirara al espejo todos los días y dijera “Yo puedo”. Al principio lo hacía y no podía mirarme sin reírme. Ahora ya no me río, porque puedo y he podido”, asegura Rachida.
Algo tan simple y tan sencillo como mirarse en el espejo y decir “Yo puedo” es un pequeño paso para salir adelante. “Lo haces por tí misma, por tus hijos, porque eso (vivir con un maltratador) no es vida”, afirma.
El camino para recuperar la vida tampoco fue fácil. A pesar de la separación, el divorcio y las órdenes de alejamiento, él siempre volvía. Acudía a su puesto de trabajo y allí le pegaba patadas y la insultaba. Hasta el pasado mes de mayo de 2013. Fue la última vez que le vio, justo cuando fue detenido por dos policías de paisano que escucharon los gritos de auxilio de Rachida. Una orden de alejamiento más, la sexta. Una condena e indemnización más por lesiones. “Ahora está en busca y captura. No sé nada de él, si está en Ceuta o en Marruecos. Ni quiero”, afirma Rachida sin mucho interés.
Ahora tiene una nueva pareja con la que ha descubierto el amor. Sus hijos han encontrado esa figura paterna que nunca tuvieron y un hermanito más que sumar a la felicidad de la que ahora disfrutan. Rachida ama a sus hijos y ellos le corresponden. Ahora son sus asesores de comunicación e imagen. “Ya están preguntando y pensando qué me voy a poner para el día de la Medalla, qué zapatos me voy a comprar, qué es lo que voy a decir en las entrevistas...”, afirma sin dejar de sonreír y no descarta vestirse de rosa porque le gusta, porque no le hace parecer tonta, porque nadie se reirá de ella ni antes ni después como un día su agresor le hizo creer.
Los apoyos que están en el camino de salida
Rachida Mohamed quiso salir de su situación, alejarse de su agresor, su maltratador, y asegura que todas las puertas a las que ha llamado, se han abierto. No ha habido nadie que le haya negado la ayuda ni que haya mirado para otro lado. Ni siquiera sus vecinos, cuando le preguntaban si su marido le pegaba y ella contestaba que no. “Ahora me pregunto por qué tenía miedo y por qué no hice todas las cosas que sé que puedo hacer ahora. ¿Cómo es posible, si antes también las sabía hacer?”, se pregunta. El área de Servicios Sociales, el Centro Asesor de la Mujer, la Cruz Roja.... “La trabajadora social Noelia ha sido mi salvadora, la psicóloga del centro de la mujer Mª José, Fany, Rafael...”, a todos ellos Rachida les agradece su apoyo y aconseja a otras víctimas que llamen a la puerta, que participen en los talleres, en los cursos, que no falten a su cita con el psicólogo y, en definitiva, que acudan a todo ese equipo de profesionales que día a día luchan contra la violencia machista ayudando a las víctimas.






