


La vicepresidenta del Gobierno se mostró cercana con cuantos ceutíes quisieron saludarla en la jornada de ayer.
Nada más salir del Palacio de la Asamblea para dirigirse al Santuario de Nuestra Señora de África un grupo de mujeres se acercó para conversar con ella y rompió el protocolo, fotografiándose con las que querían su recuerdo. La número dos del Ejecutivo de Mariano Rajoy, aunque pueda dar la impresión de ser una persona seria, lo cierto es que en las distancias cortas demostró tener temple para entablar conversaciones con los ciudadanos cuando le pararon y abordaron para contarle sus problemas o simplemente saludarla.
A la salida de la Delegación del Gobierno, hubo más escenas de esa cercanía, ya que nada más cruzar se paró con una madre que llevaba a su pequeño en un carrito y estuvo jugando algo más de un minuto con el bebé, intercambiando impresiones con su orgullosa madre.
De reacciones rápidas, sorprendió incluso a sus escoltas, yendo de aquí para allá saludando a todo aquel que la llamaba. Y el ejemplo de ese gancho se produjo unos minutos después. Abandonaba la Plaza de los Reyes y llegaba a la altura de la Iglesia de San Francisco, cuando desde uno de los establecimientos hosteleros que se encuentran enfrente unas mujeres comenzaron a llamarla por su nombre de pila. Levantando la mano, al grito de “¡Soraya, Soraya!”, reclamaban su atención. ¿Y qué hizo la vicepresidenta? Dejó a sus acompañantes y a paso ligero subió las escaleras y se fue a saludarlas. Se montó el consiguiente revuelo y ya se sumaron más personas para incluso hacerse selfies con la vicepresidenta del Gobierno que aceptó de buen grado los más de cinco minutos que permaneció junto a estos ceutíes.






