Cuando un partido político mete la pata, lo digno es rectificar.
Eso es lo que debería haber hecho Caballas después de remitir un comunicado de prensa en el que se leían lindezas como ésta:“La conclusión es que la Guardia Civil, a pie de valla, seguirá sin saber cómo actuar, y bajo las órdenes del energúmeno de turno, que pretende hacer méritos ante los sectores más reaccionarios de la población apaleando y expulsando a personas indefensas, que solo buscan (como todos), labrarse una vida digna”. Muy al contrario, y tras la respuesta hecha pública por el PP, la coalición localista ha rizado aún más el rizo situándose en un posicionamiento que supera los límites permitidos. Lejos de colocarse en el plano que se le presuponía a una formación que se permite el lujo de adueñarse de conceptos universales como los derechos humanos, su líder político, Mohamed Alí, no dudó ayer en apuntillar más aún frases tan desafortunadas como la reproducida en el párrafo anterior. Así, ha decidido poner nombre y apellidos a esos “energúmenos”: desde el delegado del Gobierno hasta el ministro de Interior; y ha decidido aclarar el término “apalear”, significando que se refería a los “políticos que llevan años utilizando los uniformes para aparentar que les respaldan cuando, a la hora de la verdad, obligan a sus funcionarios a trabajar sobre el filo de la Ley”. Caballas tendrá que tener muy claras sus ideas para hacer unas afirmaciones de este tipo, para acusar de esta manera al delegado del Gobierno, para hacer uso y ratificarse en ello, de términos tan evidentes que no cabe otra explicación como el de “apalear” a personas indefensas. Alí ha pretendido salir airoso de una polémica que su propio partido ha provocado haciendo público un comunicado que parece más preñado de odio que de denuncia encuadrada en los límites que nadie debe atreverse a superar. No ha sido así. Alí se ha sumado al carro de una deriva política que ya le ha traído consecuencias evidentes y que, al menos en este caso concreto, carece de explicación alguna. Ni el delegado del Gobierno es un “energúmeno” que emite órdenes dudosas a la Guardia Civil, ni hay agentes que acatan esas órdenes para “apalear” a personas indefensas. No, no y mil veces no. Con aseveraciones de este tipo ni puede jugarse ni puede medirse la acción política. Caballas no solo miente, sino que adopta una postura hipócrita olvidando que ha habido ocasiones en las que una de sus partes constitutivas (UDCE) decidió apoyar las tesis de partidos nacionales como el PSOE que también tiene una historia migratoria que contar. ¿O no señor Alí?, ¿o usted también va a hacer interpretaciones torpes del año 2005?, ¿no pedía votos para un partido que mantenía las mismas vallas, concertinas y devoluciones en caliente que ahora denuncia? Si Caballas quiere hacer campaña fácil que lo haga, pero que no busque acciones suicidas como ésta que nadie puede respetar.





