La artista gallega llega a Ceuta para presentar, a las 21:00 horas en el Teatro, la gira ‘Almas gemelas’ l Antes, atiende a ‘El Faro’ para hablar acerca de diversos asuntos
Luz Casal. Así, con dos escuetas palabras, un nombre de mujer y un apellido tan corto como bonito, se podría solventar, de manera muy digna, el exordio de la presente entrevista. Sobraría entonces decir que la cantante gallega actúa esta noche, a las 21:00 horas en el Teatro Auditorio del Revellín, dentro de la gira ‘Almas gemelas’; que las entradas se vendieron en un santiamén tras un fervor –y apetito– cultural que no se recuerda por estos lares; que hoy es una jornada que, a buen seguro, quedará en la memoria de muchos amantes de la música. Luz Casal: simplemente. O sea.
–Parece que ha pasado una vida desde aquel concierto que ofreció en Ceuta a mediados de los 90.
–Es verdad que hace mucho que no vamos a tocar a Ceuta pero nunca es tarde.
–¿Queda algo de aquella roquera arrolladora?
–No creo que haya cambiado mi estilo sino ampliado. Es algo natural, cuando te dedicas a un trabajo, el que sea: vas adquiriendo más conocimientos, arriesgándote a hacer nuevas cosas y al final el abanico se amplia. ¿Aquella roquera? Para la gente que no va a los conciertos y no compra mi música, esa es la cantinela de siempre. Pero para el que va a mis espectáculos y sigue mi trabajo, tengo que decir que no es que quede, es que esa roquera existe. Uno puede modificar el color de sus ojos con unas lentillas pero el color es el que es. Mi actitud, mi expresión responde a una raíz que no se puede evitar, que está ahí. Puedo cantar la canción más dulce y sentimental del mundo pero siempre lo haré con una actitud propia que tiene su origen de unas determinadas fuentes y experiencias vitales. Esto es lo que hace distintas a las personas, no sé si mejor o peor, pero sí únicas.
–Algo reacia a acudir a aquellos espectáculos culturales programados, incluso a los de mayor nivel, la ciudad, sin embargo, se ha volcado con usted, con el concierto, hasta tal punto que las entradas volaron y el Teatro registrará un lleno total. ¿Qué opinión le merece este hecho?
–Me supone una gran satisfacción, no sólo a nivel profesional, sino a nivel personal, humano. Es una gran alegría saber que viajas a un sitio y que vas a ser bien recibida. Me produce ilusión, de verdad. También siento alegría por las personas que han tenido la idea de llevarnos a actuar y han centrado sus esfuerzos para ello. En mi caso, sean los aforos que sean y en los países que sean, siento el cariño del público y esto es único. Este tipo de gestos potencian más tu gozo.
–Una vez en el escenario, aunque a buen seguro que será una sensación casi indescriptible, qué siente, en qué piensa.
–Tengo una regla de oro: la entrega total. Esto es una obligación sea el lugar que sea donde toquemos, ante el número de personas que sea. Con más o con menos, aquí o allí, entrega total. Los artistas dependemos del público y se lo debemos todo, por eso creo que siempre que salgo al escenario es como mi primera y mi última vez. Esta es una sensación que puede resultar extrema e incluso extravagante pero, sin duda, ese es mi propósito: dar lo máximo y hacer que el tiempo que el público invierte en nosotros, sea extraordinario, que sienta que está pasando un momento agradable.
–Sin embargo, a lo largo de los años, surge, casi de imprevisto, como ocurre con los juegos de magia, una complicidad especial entre el artista y algunos públicos. Así, decir ‘Luz Casal’ y ‘París’ es como decir ‘matrimonio’. Por ello le pregunto, ¿cómo ha encontrado Francia, ahora que acaba de ofrecer diversos recitales allí, después de los ataques terroristas al semanario ‘Charlie Hebdo’, aún tan recientes?
–De las preguntas políticas y sociales de los lugares, en general, huyo, no porque no me quiera implicar sino porque mi conocimiento es muy parcial. Tengo más sentimientos que conocimientos. Podemos seguir la actividad o el estado de un país a través de las redes sociales, por los telediarios o mediante la lectura de periódicos, pero no tenemos tiempo de salir a la calle: yo no paseo por los bulevares de París cuando estoy de gira en la ciudad, no puedo caminar como una persona que se dedique a otra profesión porque no sólo tengo un trabajo que se limita a las dos horas que dure el concierto, sino que antes, hay una preparación, unos viajes, etcétera. De tal modo que el pálpito y la realidad de los lugares no los percibo. Ahora bien, Francia es un país que está pasando por unas dificultades, no sólo después de los ataques, sino que arrastra problemas antiguos que van desde la Educación a la Sanidad, pasando por el empleo.
–¿La cultura es un bálsamo para refugiarse de la realidad, para evadirse de las miserias del mundo?
–La cultura siempre es un bálsamo. La música no es un fármaco pero a veces cumple esas funciones de manera mucho más efectiva. El teatro es una muestra de la realidad llevada, a veces, a unos extremos tales que producen un revulsivo para ayudar a la sociedad. En el cine, en la pintura, ocurre lo mismo. Una cosa es tener que trabajar para subsistir y otra es vivir para subsistir y para vivir te tienes que alimentar de otras cosas que no son pan y agua.
–¿Podría vivir Luz Casal sin cantar?
–De momento, no. Y sin la música te digo, rotundamente, no.
–¿Qué cantará esta noche?
–Desde hace años tengo la evidencia y la obligación de, además de interpretar y mostrar los nuevos temas, cantar esas canciones que sé que el público está esperando. En mis conciertos hay, pues, un presente, un pasado reciente y un pasado alejado.
–Los lectores que acudan al concierto estarán celebrando en este preciso instante que los temas clásicos de Luz, vayan a ser interpretados.
–Sí, sin ninguna duda, estarán. Me gusta eso de ‘temas clásicos’ y no ‘viejos’ porque las canciones, cuando las cantas de nuevo, las actualizas, le das energía y vida. No hago una canción pensando que tiene diez, quince o veinte años sino que las canto pensando que son tan actuales como las del último disco. Una de las cosas más complicadas, y más en la música popular, es llegar a tener un repertorio y cuando lo tienes, es algo maravilloso porque te conecta directa y rápidamente con la gente, con la gente de distintas generaciones, además.
–¿Tener tantos premios, distinciones, reconocimientos, es un peso, una responsabilidad extra a la hora de salir a un escenario?
–Depende de cada artista. Puede ser emocionante, halagador, si no tienes un ego desmedido, pues está muy bien, pero luego está el día a día y yo cuando salga al escenario de Ceuta no diré que tengo 45 premios o 99. La gente va a emocionarse, a descubrir, a pasarlo bien, no a escuchar el listado de reconocimientos. Los premios y las distinciones forman parte de mi mundo, claro, pero no abarca el hecho importante, que es el concierto.
–Muchas personas, además, le ven como a una heroína después de que haya derribado el cáncer en dos ocasiones.
–No, no, no soy una heroína. Mi responsabilidad es la naturalidad con la que siempre, por un lado, me he enfrentado a esa experiencia, y por otro, una vez que he pasado y cerrado esos dos capítulos de mi vida, hablar con la calma que me caracteriza y con la tranquilidad que creo que se debe de hacer ante esta enfermedad o ante cualquier otra. No me considero abanderada, ni icono, ni heroína. Que para otras personas, mujeres en particular, pueda significar algo más, se me escapa. Pero no puedo considerarme nada especialmente relevante, soy sólo una persona más que superó el cáncer.
–Una vez que haya finalizado la gira, ¿qué hará, qué proyectos tiene en mente?
–Desde hace algunos meses, me ronda la cabeza trabajar con nuevo material y desarrollar esta labor de la manera que a mí más me gusta, haciendo hincapié y fijándome muy bien en el hecho de que no me esté repitiendo, de que aporte algo nuevo, de que sea una nueva aventura que merezca ser grabada y compartida.
–Le concedo la última palabra.
–Espero que la gente se lo pase de manera extraordinaria en el concierto y darle las gracias a todas y cada uno de las personas que acudan por el cariño demostrado, incluso antes de que hagamos nada.
Una trayectoria profesional repleta de éxitos
Luz Casal (Boimorto, A Coruña, 1958) recibió en noviembre de 2013 el Premio Nacional de Músicas Actuales 2013, que se suma a otros reconocimientos nacionales e internacionales, como la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, la condecoración de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, un premio Goya, un Ondas y el premio a la Excelencia Musical de los Grammy Latinos. Y el pasado 6 de marzo el permio Estrella con el que la Comunidad de Madrid reconoce la capacidad de superación de las mujeres por el Día Internacional de la Mujer.
Programado por la Consejería de Cultura, la artista saldrá a escena a las 21:00 horas en un Teatro Auditorio del Revellín lleno hasta la bandera.






